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CIVIL CONFLICTS

Las Abejas-- Un Destello De Esperanze en el Afligido Estado de Chiapas, México

Por Mary Jo McConahay

Date: 02-09-98

Los reportajes acerca de los 45 indígenas masacrados en diciembre en el Estado de Chiapas, México, no tomaron en cuenta el hecho de que las víctimas estaban afiliadas con las "Abejas." Esta notable organización de 7 años de existencia se mantiene apegada a las premisas de neutralidad y de no violencia en un lugar donde ninguna de las dos parece ser posible. Mary Jo McConahay, editora en Centro América para PNS, ha hecho reportajes desde América Latina para el National Catholic Reporter, Choices, Mother Jones y otras publicaciones durante más de una década. (Para solicitar material fotográfico de McConahay llame a George Gundrey al 415/243-4364)

Acteal, Chiapas, México.- Los 45 tzotziles desarmados, supuestamente pro zapatistas, que fueron masacrados aquí el 22 de diciembre, estaban afiliados todos ellos con las Abejas, un movimiento del pueblo comprometido a la neutralidad y a la no violencia, en este Estado del sureste mexicano que cada día está más polarizado y violento.

María Vázquez Gómez, soltera de 21 años de edad, sobrevivió a la matanza y actualmente se encarga del cuidado de 5 sobrinos. "Puras abejas," dijo ella, "Murió mi familia entera. Sólo me quedan estos niños."

La influencia de las Abejas tiene un alcance que rebasa con mucho al número de sus afiliados. Tienen unos 3,000 miembros dispersos entre 24 comunidades que están en la zona de conflicto en Los Altos de Chenalhó. Han intentado reducir la violencia entre los vecinos tzotziles, entre los que quizás se incluyan miembros de unidades paramilitares, ligados al gobierno, así como también algunos que apoyan una estructura "autónoma" rural paralela, simpatizantes de los zapatistas.

"Estamos cumpliendo nuestro voto de no portar armas, ni siquiera para defensa propia," dice Antonio, de 38 años de edad. El es uno de los 116 miembros de las Abejas que se refugiaron en un rincón del patio de una escuela católica que está en las afueras de San Cristóbal de las Casas. Dicen que los corrieron de los Chorros, un pueblo controlado por el partido dominante, el PRI, porque se negaron a cooperar para la compra de armas y municiones, y a unirse a los bandos de agresión. "Al tomar un fusil en la mano se pierde algo interior muy importante," explica Antonio. "Confiamos en Dios y no podemos matar a nuestros hermanos."

Las Abejas anteceden al surgimiento de enero de 1994 de los zapatistas, y en sus filas se incluyen muchos dirigentes católicos laicos quienes décadas atrás fueran educados por el Obispo Samuel Ruiz en la diócesis de San Cristóbal de las Casas. En 1992, por primera vez, las Abejas se organizaron para exigir la liberación de cinco personas que, según la opinión general, habían sido encarceladas tras falsas acusaciones de homicidio. Mientras tanto, aprendieron a solicitar el apoyo del público y a hacer manifestaciones pacíficas en pos de la justicia. Ya en 1994, cuando las comunidades rurales se adhirieron francamente a los zapatistas, las Abejas conservaron su propia independencia.

"Escogimos ese nombre porque las abejas siempre trabajan juntas, unidas," dijo Roberto Santis, de 27 años de edad, a un visitante en su pueblo natal de Xoyep, a donde centenares de los desplazados han llegado tras el reciente brote de violencia.

"Nosotros vemos el reino de Dios como el de una abeja reina," invisible pero siempre "en comunicación" con sus obreros, manda auxilio a los necesitados, exige alto rendimiento de todos los que ingresan en el panal, dice Santis. Su tarea, a su modo de ver, es "Que se sepa del sufrimiento de los pobres, que se comprenda."

En un principio todos eran católicos. A partir de 1994 las Abejas han incluido a presbiterianos (el grupo protestante evangélico dominante en la localidad). También han integrado a gente que tiene rituales nativos, y a gente sin religión atraída por el concepto de la no violencia.

Aun siendo independientes los dirigentes de las Abejas, Santis entre ellos, asienten que "Nuestra lucha es casi igual" que la de los zapatistas. "Queremos una dignidad verdadera para todos los mexicanos, y ellos sienten lo mismo que nosotros --pero nosotros nos expresamos políticamente y los zapatistas con las armas."

Las Abejas siguen sometiéndose a pruebas. Al día siguiente de la masacre los paramilitares empezaron a extorsionar a los del pueblo de Canolal, para "inmunizar" a las familias de las Abejas, que para evitarles la misma suerte, según lo cuenta la prensa mexicana. El 29 de enero las 120 Abejas de Canolal organizaron de nuevo una procesión de expulsión llevando consigo las figuras de santos de sus iglesias, no sea que se las quemen, e iban amparándose con la Cruz Roja, con grupos de derechos humanos y con vehículos militares. De esta manera un pueblo más quedaba totalmente en manos del PRI.

Sin embargo, Agustín Gómez Pérez, de 39 años de edad, ha sido sometido quizás a la prueba más difícil. Cuando las fuerzas paramilitares irrumpieron la mañana del día 22 de diciembre Agustín estaba cumpliendo un ayuno de dos días mientras que los demás oraban por la paz en una capillita de madera. Al atardecer, pasadas seis horas desde los últimos disparos, Gómez se arrastró desde un escondite y logró llegar a una barranca.

"Los vi a todos, pobre gente," rememora, parado en la orilla de esa barranca mientras señala las maravillosamente oscurecidas laderas boscosas. Todavía se distinguían algunas manchas de la cal con que habían cubierto los charcos de sangre.

"Un niñito dijo, 'me voy contigo.' Su madre estaba allí, muerta. 'Bueno,' le dije, y lo agarré y me lo llevé cargado."

Dio unos cuantos pasos y se detuvo ante la fosa común en la que yacen los 9 hombres, las 21 mujeres y los 15 niños bajo tierra descolorida. No abordó el tema de seguir sin portar armas, ni el de la posibilidad de que hubiera podido evitarse la masacre si hubieran portado armas.

Gómez Pérez hizo remebranzas de sus décadas de labor con otros dirigentes laicos: "Tengo presentes sus caras tal y como eran antes de Navidad, cuando nos juntábamos en la mesa." Ha sido catequizador durante 18 años, y dice que la masacre "...se pasó de la raya," y que se siente imposibilitado para proseguir con la labor de las Abejas, por el momento.

Traducido por Rudolph Aceves, PNS

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