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VOICES

Por S. W. Omamo

Cuando Socorrer Marca La Diferencia Entre La Vida Y La Muerte--
Cómo Establecer la División Entre Familia Y Extraños

By S. W. Omamo

Date: 02-11-97

No tan sólo en Africa sino en un creciente número de regiones del mundo donde las políticas de apertura económica han tomado cauce, el individuo que tiene ingresos dignos se ve forzado a decidir sobre la vida o la muerte de otros al atender sus súplicas de socorro. El comentarista de PNS Steven W. Omamo es escritor y economista agrónomo radicado en Nairobi. Es miembro investigador de ciencias sociales de la Fundación Rockefeller en el Instituto de Investigaciones Agronómicas de Kenia.

NAIROBI -- En Kenia, así como en muchos otros países donde se ha encaminado la "apertura económica," la carga de la asistencia a los pobres no recae sobre las instituciones públicas sino sobre el ciudadano común y corriente. Por lo tanto, aquéllos que perciben ingresos dignos se ven involucrados a menudo en tomas de decisiones que podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte, no sólo de sus seres queridos, sino también de extraños.

Hace como un mes el vigilante del campamento donde vivimos mi esposa y yo (llamémosle Michael) acudió a nosotros para pedirnos prestados 500 chelines kenianos (10 dólares, más o menos). Nos dijo que su esposa, Janet, tenía paludismo y que necesitaba el dinero para comprarle medicina. Se comprometió a pagarnos en unas cuantas semanas.

Puesto que sabíamos que su sueldo mensual no rebasaba los 3000 chelines, decidimos darle solamente 200 chelines para que nuestra pérdida potencial no fuera significativa.

Hicimos mal en dudar de su palabra. Hace dos días cuando regresé a casa de trabajar, Michael estaba esperándome con los 200 chelines. Sorprendido y bastante avergonzado, le dije que se los quedara todo el tiempo que los necesitara. Aceptó el ofrecimiento, explicando que el estado de salud de su esposa había empeorado por no haber podido pagar ningún tratamiento adicional. Ahora Michael se entregaba a la oración.

Nos quedamos pasmados y le dijimos que trajera a su mujer a nuestra casa para que nuestro médico la atendiera. Ayer, nuestro médico confirmó que estaba muy enferma y que de no ser atendida de inmediato se moriría. Aseveró que Janet tenía tuberculosis y que su constante dolor de cabeza, náuseas, fatiga, diarrea, dolor estomacal y las ampollas en la boca señalaban otros males severos. Al presentir nuestra incertidumbre en cuanto al alcance de nuestra responsabilidad, el médico nos previno que el tratamiento sería caro y nos recomendó que considerásemos el asunto con cautela. Asentimos, pero mientras tanto ofrecimos cubrir los gastos que se derivaran de los análisis médicos y de cualquier medicamento que él pensara que Janet necesitara de inmediato.

Nos pasamos el resto del día en laboratorios, rayos-x y farmacias. Los análisis y medicamentos costaron un poco más de 5,500 chelines (100 dólares), casi lo doble del sueldo mensual de Michael.

En casa esa noche, mi esposa y yo fuimos dándonos cuenta de que de la noche a la mañana la vida de Janet se había vuelto nuestra propia responsabilidad. Y aún más sobrecogedor fue el darnos cuenta de que hacía apenas un mes habíamos tomado una decisión que bien pudo haberle causado la muerte.

Mañana nos enteraremos del veredicto médico y decidiremos si seguir o no responsabilizándonos por Janet y Michael. De hecho, vamos a decidir hasta dónde podemos rebasar los límites de nuestro pequeño seno familiar de tres personas como para adentrarnos en el de una pareja que conocimos hace tres meses. No será nada fácil.

Michael, ahora, se refiere a mí como "jefe," lo cual le hace mucha gracia a mi esposa. Quizás mi ego resulte favorecido, pero implica una dependencia que quisiéramos desalentar. Sabemos de gente que, para evadir este tipo de situaciones, ignora cualquier súplica de socorro salvo aquella que provenga de su familia inmediata. ¿Pero cómo manejará esa gente su conciencia si piensa que el negar hoy 5 dólares (o 10 o 1000) puede tener consecuencias fatales el día de mañana? Tome uno la decisión que tome, la responsabilidad es abrumadora.

Por cada keniano "próspero" hay una multitud al borde de la indigencia. Por supuesto que con sólo sacrificarse un poco, toda la gente próspera tiene a su alcance la posibilidad de liberar a una o dos personas de ese terrible estado. Muchos hacen precisamente eso. Pero ¿es justo? ¿No le corresponde al gobierno, de alguna manera, involucrarse?

La tendencia actual en Kenia y en otros lugares de Africa es la de disminuir el rol que juega el gobierno en los asuntos públicos. La presión para esta "apertura económica" parte primordialmente de las sociedades donde las intrusiones gubernamentales en cuestiones privadas son calificadas como excesivas. Pero en los países donde la mayoría de la población aún provee varios de sus propios servicios, mismos que el gobierno bien podría abastecer (como por ejemplo: servicios eléctricos, hidráulicos, de gas, seguro social, asistencia médica), el dejar de asumir las responsabilidades gubernativas es prematuro.

Al no haber una mayor participación del gobierno en Kenia, un pequeño grupo de personas seguirá soportando la carga del cuidado de los pobres en el país-- situación que no es ni eficiente, ni equitativa, ni sostenible. En efecto, dado que la gente como yo es de recursos limitados, esta situación sólo reafirma el ciclo de dependencia y la desigualdad que queremos alivianar.

Traducción de PNS por Rudolph Aceves

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