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CALIFORNIA COLLAGE

El Paraíso Perdido

Por Richard Rodríguez

<richrod@sirius.com>

Date: 03-31-97

La mayoría de ellos vinieron de otros lugares para morir en California, bajo un cielo limpio en la semana más santa del calendario cristiano. Treinta y nueve personas, casi todas de edad madura, todas en la búsqueda deseperada del paraíso, viajaron desde Texas y Nuevo México, y desde las lejanías de Florida y Ohio.

San Diego ya ha visto este tipo de gente. A principios de siglo, la comunidad Teosófica de Point Loma, con su templo Ario y su templo Verde, y la escuela Raja Yoga, construida con vista al mar, le dieron a California la reputación de refugio de excéntricos religiosos. Ahora, a finales de siglo, en un suburbio de nuevos ricos llamado Santa Fe, las pantallas de los monitores en la casa grande del cerro se han apagado.

Hace setenta años, cuando había menos casas y autos, y no había autopistas, San Diego era la capital del suicidio en Los Estados Unidos. Además, tenía el mayor índice de depresión clínica.

En "El sismo americano," Edmund Wilson, máximo exponente de la historia cultural del país, sugiere que San Diego padeció el mal de estar situado al final del camino; "Uno parece ver la última efervescencia inútil de la explosión de la aventura americana. Resulta que nuestra gente, a quien por tanto tiempo se le ha dicho que se dirija al oeste del país para escaparse de las enfermedades y de la pobreza, de la inadaptación y de la opresión industrial, está descubriendo que, ya estando en el Oeste, siguen sus problemas y sus enfermedades, y que el océano detiene su fuga."

California es el último capítulo de un cuento americano muy viejo. Los primeros americanos, llegados de Europa a la costa Este, se imaginaron que habían dado con el Paraíso Terrenal. Generaciones después, seguimos creyendo que nuestro derecho nacional por nacimiento es el paraíso.

Cada que surgían problemas, así fueran dificultades con los padres o un invierno crudo, el horizonte Oeste hacía su llamado. Los americanos empacaban sus maletas, con rumbo al Oeste, alejándose del pasado, para ir hacia lo posible, al renacer y al sol poniente.

A lo largo de toda la costa de California, durante casi todo este siglo, han sido inventados diversos tipos de religiones, a menudo combinando elementos del hinduísmo, del islamismo y del cristianismo. Hoy, el budismo de Malibú es vecino del animismo del nativo americano. Aquí en California la canadiense Aimee Semple McPherson se adentró en el mar, y, varias generaciones después, el reverendo Jim Jones abandona un San Francisco pecaminoso, llevándose sus centenares de discípulos a la búsqueda del paraíso en una selva de América del Sur.

California, en buenas cuentas, no es el paraíso. Si algo sabe la jovencita de Nueva Jersey al tirarse del puente Golden Gate, es finalmente esto: California es el final del camino.

Qué raros les parecieron los devotos de Puerta del Cielo a sus vecinos: paliduchos, de pelo cortito, ropa oscura, qué taciturnos, en Rancho Santa Fe. Ya en California, no soportaron vivir aquí.

¿Y cómo soportarlo? El litoral del Pacífico, y el golpeteo de la marea como señal del fin, debió atormentarlos. Más bien se volvieron hacia las estrellas y hacia las antiguas estelas de cometas. Esperaron naves espaciales para que los transportaran a la segura noche oscura del universo, para ser rescatados del Juicio Final en la Tierra.

A sus cuerpos, maduros y flácidos, los llamaban con desprecio "vehículos," de los cuales se podían desprender cuando quisieran. Y lo hicieron.

Las grandes religiones del mundo, creencias que sobreviven a través de los siglos y que hacen vibrar la imaginación de generaciones, enseñan poco acerca de la vida que hay después de la muerte. Más bien nos ayudan a sobrellevar la vida en este mundo. Las grandes religiones deberían prepararnos para la muerte, y lo hacen, pero enseñándonos a vivir.

Qué irónico resulta que el suicido masivo de la semana pasada haya sucedido en un suburbio, cuyo nombre fue dado, probablemente, por un urbanizador de bienes raíces que no se dio cuenta que el significado de las palabras se refiere a la santa fe cristiana.

Marshall Herff Applewhite, líder de Puerta del Cielo, que pudo o no haber nacido en Texas, basándose en fuentes anglicanas y católicas, parece haber creído que su vocación era monacal. En la página de Red del grupo, hay referencias de la antigua iglesia cristiana: la vida enclaustrada, retiros, ayunos, abstinencia.

Pero una de las grandes maestras del conventualismo cristiano, Santa Teresa de Avila, advirtió en el siglo XVI del peligro de una vida religiosa que gira en torno de uno mismo. La religión no sólo se apega a la vida interior. Una vida espiritual, nos enseña Santa Teresa, carece de valor a menos que se manifieste en este mundo a través de obras de caridad.

Después de todo, la religión propuesta por Puerta del Cielo se debe más a la Era de Bill Gates y Microsoft que a la Era de Santa Teresa y el manuscrito iluminado. Hoy, el Condado Norte, San Diego, donde se instaló la secta, es el lugar de la población global de "high-tech, bio-tech, info-tech." La zona está repleta de Land Rovers sintonizados con NPR, parejas que se cuidan de los rayos del sol, se hidratan, comen lo que conviene comer, y convierten aminoácidos en opiniones.

A lo largo de la costa del Pacífico se extiende una nueva y valiente franja, desde el Condado Norte, San Diego, a través del famoso Silicon Valley, hasta Redmond, Washington en el norte. ¿Es coincidencia demográfica o económica que haya tantos descubrimientos tecnológicos a lo largo del Pacífico? ¿O será que la costa sigue animándonos a buscar un mundo nuevo porque el mar nos hace pensar en el fin del mundo?

Puede ser que en el litoral del Pacífico estemos pasando por un período tan grande de descubrimientos intelectuales y de innovación como en cualquier otra época de la historia. Sin embargo, está claro que hay una tentación oculta, la tentación conocida por anteriores sectas religiosas de California, de temerle al litoral y de temerle al tiempo, de abandonar las laderas de Rancho Santa Fe y de entrar en la onda del ciberespacio, flotando libremente en la noche.

Al toparse con un embotellamiento en la carretera 280, al pasar por Silicon Valley, ¿qué podría ser más emocionante que deslizarse con libertad plena mediante "realidad virtual"? Sin haber tenido nunca la habilidad de amar, ¿qué hay más allá del necio consuelo de una vida imaginaria con amantes imaginarios en un castillo imaginario que tiene un número infinito de cuartos?

Un neopaganismo prospera en los restaurantes donde no se fuma ni se consumen grasas en La Jolla, Palo Alto y Seattle. Existe un desprecio por lo que se da por entendido, un sentido de que nuestro futuro sólo puede ser vivido individualmente, imaginado individualmente, sin impedimentos de humano.

"Parecían nerds de computadora," dijo uno de los vecinos acerca de los discípulos de Puerta del Cielo. En las fotografías y videos que sobreviven denotan gran determinación y seriedad. Más que a nadie, se parecen a los primeros puritanos americanos en su sencillez.

Métete en la Red. Entra en el ámbito llamado ciberespacio, donde toda la información está a tu disposición. Ubica Puerta del

Cielo. ¡Ya está! A colores, parpadeando, con su lista de opciones y traducciones al alemán, estás a salvo y para siempre en ciberespacio.

Los muertos siguen hablándonos en nuestra computadora. Una de las muertas dijo, en una entrevista antes de suicidarse, "Aquí no hay nada para nosotros." Quiso decir que ya no había forma de seguir viviendo en San Diego, en California, a la luz del sol.

Esto no es religión. Es la expresión de la deseperanza en nuestra Era tecnológica.

Traducción de PNS por Rudolph Aceves

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