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VOICES

Una Obrera Guatemalteca de 15 Años Explica "Porqué No Puedo Perder Mi Empleo

Por Myra Esperanza Mejía, Relatado a Mary Jo McConahay

Date: 04-29-97

Queda prohibido emplear obreras menores de 15 años, dice un nuevo reglamento de conducta que se ha diseñado para disminuir los abusos en las maquilas de la industria del vestido. Sin embargo, para Myra Esperanza Mejía, que empezó a trabajar a los 13 años, el perder su empleo hubiera significado que su familia se quedara sin casa ni comida. De lo que más se queja ella es de que a las menores de 15 se les paga menos que a las mujeres mayores, así trabajen lo mismo. La editora asociada de PNS Mary Jo McConahay compiló el siguiente ensayo a raíz de tres prolongadas conversaciones con Myra Esperanza Mejía, costurera de 15 años en la ciudad de Guatemala. PNS TIENE FOTOGRAFIAS DISPONIBLES.

Ciudad de Guatemala- Sé lo que es trabajar. Empecé por llenar botellas en la fábrica de champú cuando tenía 13 años, y ahora ya tengo 15 y un mejor empleo en una maquila (hacemos pantalones y vestidos que se mandan a los Estados Unidos). El trabajo puede ser bastante pesado, pero como gano más dinero yo digo que es mejor.

Hasta los 12 años yo iba a la escuela y jugaba como cualquier otro niño de mi edad, y ayudaba con el quehacer de la casa. Acarreaba el agua y cuidaba de que mi hermanito y hermanita no se acercaran a la lumbre del fogón, y barría el piso de tierra hasta que quedara lisito; ése era el trabajo que yo sabía hacer.

Vivíamos en las vías del tren con centenares de familias de las que les dicen paracaidistas, hasta que el municipio nos hizo despejar el lugar y nos reubicó. Mi madre tuvo que pagar $41 por el terreno y comprar láminas de aluminio corrugado para albergarnos. Hacía mucho que mi padre nos había abandonado, y mi madre no ganaba lo suficiente como para cubrir esos gastos con tan sólo vender tortillas y atole afuera de la casa, y mucho menos durante la temporada de lluvias, cuando la gente pasa muy a la carrera. ¿Qué me quedaba hacer sino salir a trabajar para ayudar, aunque fuera tantito?

Con eso de que soy menor de edad casi nadie quiere darme trabajo, así que tengo que buscarlo donde eso no les importe, como en la fábrica de champú o en la maquila. Y qué bueno que me dan trabajo, porque lo necesito, y porque lo desempeño al igual que la gente mayor que yo.

En la fábrica de champú progresé pronto a pesar de ser chica. En poco tiempo ya estaba llenando paquetitos individuales, cosa que es difícil porque no son más que unas burbujitas de plástico. Y luego, como tengo buen ojo, la supervisora me puso a revisar que las etiquetas estuvieran puestas derechitas en las botellas. Pero aún así sólo ganaba $40 a la quincena mientras que otras que hacen el mismo trabajo, aparte de que pueden sentarse, ganan de $70 a $80. Yo sabía que tenían más antigüedad que yo, y que eran mujeres ya mayores, de 17 o 18 años, y que algunas de ellas ya tenían hijos, pero aún así me parecía un tanto injusto. Pero a los 13 años uno no se queja mucho.

Ahora gano cuando menos $60 a la quincena, a veces $ 66. Le doy todo el dinero a mi madre, pero me quedo con unos $8 para comprarme zapatos o cualquier cosa para mí solita. Este trabajo no es fácil, pero no digo nada, aunque ahora ya sea mayor y tenga más experiencia, porque necesito el empleo. Si cierran las maquilas como a veces dicen, creo que para espantarnos, estaría yo en un aprieto.

La jornada empieza con el campanazo de las 6:15 y la primera hora es matadora, pero tengo que darme prisa a como dé lugar (tenemos una consigna). Yo corto tela para piernas de pantalón. En una hora puedo cortar tela como para 20 pantalones.

Al sonar el campanazo del almuerzo a las 12, hay que confiar en que la cocinera esté aseada, que la comida esté caliente, y que esté de comerse, porque las puertas de la fábrica están cerradas y no se puede salir. Además, hay que confiar en que despuÉs de comer no den ganas de ir al baño, porque si pedimos permiso más de dos veces al día nos regañan. No hay recesos ni en la mañana ni en la tarde.

Cuando por fin suena la campana a las 6:30 p.m. lo que uno quiere es irse para su casa, pero no siempre se puede. Si todavía hay trabajo te dicen los dueños que necesitan gente para el turno nocturno. Y si después de esto no cuentan con la gente suficiente, la supervisora nos cierra el paso y de ahí no sale nadie.

La primera vez que sucedió esto, yo dije: "Mi madre se va a enfermar de la preocupación si no llego a mi casa; déjenme avisarle y regreso." "No," me dijeron, "luego no vuelves."

Nos permiten descansar un ratito o ir al baño, y empezamos a trabajar a las 7:00 p.m. de nuevo. Cuando suena la campana a las 3 de la mañana nos pasan el cartón de cajas viejas. Busco a mis amigas, colocamos juntos nuestros cartones en el suelo y dormimos debajo de las mesas. Estemos o no cansadas, regresamos luego a trabajar. Esto sucede de dos a tres veces a la semana.

¿Usted cree que yo haría esto si no necesitáramos el dinero? Me gustaba ir a la escuela. Me gustaría ser secretaria bilingüe, sentarme ante una computadora, contestar teléfonos y decir, "Permítame un momentito por favor, voy a ver si se encuentra."

Si no necesitara trabajar estaría en la escuela. Sé dónde vive mi padre y le he dicho que debería de darme dinero. El pinta casas y podría ayudarnos, pero me dice que no porque yo ahora tengo trabajo.

Lo peor de este trabajo es que es difícil tener amigos. Pero yo sí tengo. Una compañera está enseñándome a usar la máquina pespuntadora, de vez en cuando, durante la hora del almuerzo. Esto no sucedería en horas de trabajo, pues si la supervisora nos ve hablando nos da de cachetadas. A mí todavía no me cachetea, pero a la de junto sí le pega.

No tengo novio a pesar de mis quince años. La maquila no es el mejor lugar para conocer muchachos. Casi todos los hombres son mal hablados. Un muchacho de casi 18 años, y que no es mal hablado, me invitó la semana pasada a una fiesta familiar en su iglesia evangelista para celebrar el cumpleaños de su hermana. Ojalá que mi madre me dé permiso.

Cuando yo era más chica me gustaba el basquetbol y correr por la plaza y visitar a mis primos. Ya no hay tiempo para eso. Me la paso cansada. Ya casi no juego.

Traducción de PNS por Rudolph Aceves.

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