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CIVIL CONFLICTS

Una Carta del Futuro: El Motín de Los Angeles Cincuenta Años Después

Por Richard Rodríguez

<richrod@sirius.com>

Date: 05-02-97

¿Cómo será recordado el motín de Los Angeles de 1992 dentro de cincuenta años? Posicionado en el año 2042 el editor de PNS Richard Rodríguez escribe que el motín marcó un hito en el conocimiento que la ciudad tiene de sí misma. Rodríguez, autor de Days of Obligation: An Argument With My Father (Viking), es colaborador habitual de las páginas editoriales del Los Angeles Times.

LOS ANGELES- De aquellos días del año de 1992, ¿Qué es lo que recuerdo yo? Recuerdo estar parado en una azotea del Sunset Boulevard y ver el horizonte sur lleno de humo. Una sensación terrible, una emoción malévola, me hizo temblar ante la destrucción.

Héme aquí, un viejo acabado. Han pasado cincuenta años. Hay tantos cambios en Los Angeles. La ciudad me parece más joven, ahora que me falla la vista y me tiemblan las manos. Recuerdo cómo los periódicos y las voces en la televisión hablaban del "motín de los negros." Pero yo vi a centenares de latinos saliendo apresuradamente de tiendas que acababan de ser asaltadas, saliendo de prisa con los brazos llenos de electrodomésticos y de enormes paquetes de pañales desechables. Era como si los latinos se hubieran robado el motín de los negros y se lo hubieran apropiado.

Estuve parado observando, yo mismo a punto de robar algo. Recuerdo que llegaron los polizontes y que cuando medio hicieron alarde de fuerza, me vi corriendo entre el montón y oí mi propia risa --me parecía tener la boca desconectada del resto del cuerpo-- mientras corría con la muchedumbre jadeante.

Después de esos días violentos mucha gente decía que Los Angeles se había aniquilado, que se había partido el alma a golpes en la calle y que la había dejado desangrar sobre el pavimento junto con todos los vidrios rotos. Yo conocía gente que se fue de la ciudad, que dejó Los Angeles por cualquier otro lugar. Yo conocía gente que jamás regresaría al centro sin temer al desconocido.

Pero Los Angeles no se murió. Los Angeles es correosa en extremo. Los Angeles está repleta de bebés y padres adolescentes y de abuelas con esperanzas para el futuro. A veces creo que Los Angeles vio su futuro por vez primera durante aquellos días espantosos de fines de abril y principios de mayo.

Karl Marx dejó escrito que el descubrimiento del oro en California llegaría a ser un acontecimiento de mayor envergadura para la historia universal que el descubrimiento de las Américas por Colón. Cuando el europeo se encontró con el indio en 1492, se encontraron dos continentes. Pero después del descubrimiento del oro en California en 1848, el mundo entero convirgió. Por primera vez en la historia de la humanidad el africano se encuentra con el filipino se encuentra con el peruano se encuentra con el mexicano se encuentra con el australiano se encuentra con el chino se encuentra con el ruso. Los hombres se disputaban el oro en los lodazales. Había muertes. Pero todo el mundo se había conocido.

Cada que veo a Los Angeles pienso en la predicción de Karl Marx, esta ciudad tan llena de vida, tan llena de bebés que realmente no se parecen a ninguno de sus abuelos. Conozco niños que son filipinos judíos que tienen primos iraníes casados con guatemaltecas. Con justa razón Los Angeles se ha convertido en la verdadera capital de los Estados Unidos.

En los años 90 ya estaba predicho que Los Angeles estaba convirtiéndose en una ciudad hispana y que California estaba convirtiéndose en un Estado hispano. Pero realmente nadie sabía de qué se trataba todo esto. Mucha gente creía que los hispanos formaban un grupo racial y que los hispanos eran comparables a los "negros" o a los "blancos." Creían que Los Angeles estaba convirtiéndose, literalmente, en una ciudad morena. No entendieron moreno en el sentido figurado.

Los Angeles ciudad mexicana. ¿Sabías que en el siglo XVIII la mayoría de la población de México ya era mestiza --ni europea pura ni india pura? ¿Sabías que el mayor índice de matrimonios interraciales entre indio y africano en las Américas se dio en México?

Leíste acerca de Rodney King en tu texto escolar. No recuerdo qué fue de él finalmente. La historia de los Estados Unidos está repleta de hombres como Rodney King.

En 1992, una vez más, un hombre negro fue golpeado brutalmente por la policía. Pero el incidente fue captado en video. Los polizontes blancos fueron juzgados; los polizontes fueron declarados inocentes. Esto enfureció a los negros de la zona del sur central en la época en que ese barrio era mayoritariamente de negros.

Extraños jaloneaban a extraños de sus coches. Los negros atacaban a los blancos. En las primeras horas, antes de caer la noche, parecía un relato sencillo, algo ya visto --otro Detroit, otro Harlem, otro Watts-- una historia con el hilo narrativo que nos sabíamos de memoria. Lo que nadie alcanzó a captar en aquellas primeras horas fue el problema de tener un motín de negros en una ciudad de morenos.

Fue una noche de sueño inquieto para la ciudad. Al día siguiente hubo tumultos de negros que asaltaban tiendas coreanas. Y los coreanos se plantaron en las azoteas con pistola en mano. Y el tumulto de negros confundía a los vietnamitas con los coreanos. Y jóvenes salvadoreños andaban por el centro vociferando sentencias revolucionarias en español.

California no es un lugar libre de culpa. Ponte a pensar en la crueldad perpetrada en los chinos. Acuérdate de San Francisco: A principios de siglo, trabajadores huelguistas fueron balaceados por la policía y murieron en la calle Market en nítidos charcos de sangre. Y no se te olvide que Los Angeles ya había presenciado asesinatos desde los años 40 cuando los mexicanos atacaron a la policía.

Hay muchos resentimientos en un sitio tan grande como este sitio, y a veces esos resentimientos son incontenibles. La gente se vuelve loca. Una piedra es lanzada contra una ventana, el tumulto percibe su propio poder al ver que la ofensiva inicial no recibe respuesta. El tumulto siente que se le va inflando el músculo. Primero la policía se sorprende, y luego se impresiona al ver los despliegues musculares. Y por fin la policía se enfurece.

Estas no son cosas que deba recordar un hombre viejo. Me cansa recordar el desperdicio, la destrucción, las muertes entre la juventud ¿Porqué es siempre la juventud la que arma los motines?

La diferencia en 1992 fue la magnitud y el alcance. La ciudad entera se sintió involucrada y atemorizada. Los Angeles --toda una metrópoli-- se sintió amenazada al ir cayendo manzana tras manzana y al extenderse el fuego. Pronto se llenaron las autopistas al querer irse la gente que buscaba un lugar donde salvaguardarse del tumulto y de los incendios. El temor congestionó la autopista de San Diego y con el embotellamiento cundió el pánico.

Fue éste el peor de los momentos para Los Angeles. Fue también el primer momento, creo, en que una gran parte de la gente de Los Angeles se dio cuenta de que formaba parte del todo. La ciudad que el mundo criticaba por no ser una ciudad, por carecer de un centro, por tener sólo suburbios separados, salidas de autopista separadas --Los Angeles se dio cuenta de que estaba interconectada. Atemorizada, la gente se dio cuenta de que los sucesos del extremo opuesto de la ciudad los involucraba también a ellos.

¡Qué raro! ¿No? Uno pensaría que más bien sería placentero el concepto de nuestra interconexión humana. Pero por el contrario, el concepto es muy difícil. En ocasiones los conceptos más acertados, los presentimientos más sólidos llegan cuando el corazón está acelerado y el aire está lleno de humo.

Aun ahora, después de tantos años, me es difícil expresar esto. Pero creo que Los Angeles --el concepto de ciudad toda-- nació durante esas noches oscuras en que las sirenas lanzaban sus alaridos y las mujeres viejas de Santa Mónica se daban cuenta de que compartían la misma ciudad con los adolescentes de Compton.

Es un legado singular de mi generación a la tuya. Te hemos dejado el concepto de ciudad. Y claro está que por ser joven e inocente de las crueldades de la historia no comprendes que el tuyo es un legado forjado a pulso. Quizás lo das por hecho.

Estamos en el año de 2042 y tú sabes cosas que nosotros no sabíamos hace cincuenta años. Tú estás más enterado que nosotros de que el Asia está cerca. Tú ya sabes que Seúl está más cerca, que es más importante en la vida diaria, que Bruselas. Estos son conceptos nuevos en los Estados Unidos. Atesóralos.

Es un lujo para tu generación saber ya que Los Angeles, y aun California, forma parte de Latinoamérica. Tú expandes nuestra sensación citadina en sentidos que van más allá de los límites urbanos. Tú tienes tu manera de comprender lo que mi generación nunca comprendió, y es que Tijuana forma parte de California del sur. A nosotros esto ni siquiera se nos ocurrió.

Comúnmente vivíamos en suburbios separados hasta 1992. Teníamos nuestras propias categorías. Nos creíamos blancos o negros o asiáticos o hispanos. Estas categorías nos las hicieron los burócratas del gobierno, y por un tiempo nos funcionaron.

Recuerdo un actor que se llamaba Keanu Reeves --de madre anglosajona y padre hawaiiano y chino. Y también de aquel entonces recuerdo un golfista --un elegante y joven atleta que llevaba por nombre Tiger Woods. Su madre era tailandesa, su padre tenía de negro, de blanco y de indio americano. Cuando gente como ésta llegaba a destacar, su complejidad deslumbraba al país. Era precisamente entonces cuando empezábamos a agotar el antiguo modo de referirnos a nosotros mismos.

Aquí sentado por la tarde oigo la indisciplinada, la grosera, la risueña juventud que viene de la escuela camino a casa. A veces sus voces me interrumpen la siesta. A veces permanezco recostado y el tiempo se asemeja al misterio de la vida. Me siento niño, me imagino a mi madre en la planta baja de la casa y a mi hermana acabando de llegar de la escuela...

Soy un viejo. Héme aquí recordando un motín que sucedió en tu ciudad hace cincuenta años. 1992.

Traducción de PNS por Rudolph Aceves.

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