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La Tercera Fuerza Del Cristianismo -- Los Pentecostalistas Vuelven a Sus Orígenes "Escandalosos"

Por Dan Ramírez

Date: 05-15-97

Después de muchos años de estar separadas en la desolación de las afueras, las iglesias pentecostales regresan a su visión original de la inclusión a través de barreras raciales y culturales -- visión otrora etiquetada como hereje. Pentecostés, el séptimo domingo después del de Pascua, conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles; el movimiento pentecostalista se ocupa primordialmente del Espíritu y de tener una celebración desinhibida. A pesar de haber sido fundado hace menos de 100 años, el movimiento actualmente alcanza una cifra aproximada de 400 millones de seguidores. El comentador de PNS Dan Ramírez, actualmente cursando un doctorado en religión en la Universidad de Duke, es integrante de la Iglesia Apostólica de East Palo Alto.

LOS ANGELES -- "Mescolanza de blancos y negros en frenesí religioso," dijeron los periódicos locales al burlarse de la primera reunión del movimiento pentecostalista. El hecho de que devotos negros y blancos se hayan reunido en una "iglesia de negros que parece granero" en la calle Azusa en Los Angeles en 1906 dejó sorprendido al Daily Times de que "gente blanca respetable... se haya revuelto con los negros vociferantes."

Este mes se reunirán unos 400 millones de pentecostalistas, carismáticos y demás progenie de "lenguas diversas" de aquella sesión renovadora de Los Angeles, para celebrar la fiesta de Pentecostés. Y esta vez, tras haber sucumbido a la usanza racista del grupo cultural de máximo dominio durante la mayor parte de este siglo, un número mayor de fieles está regresando a la visión multirracial original del movimiento.

Algunos teólogos se refieren al pentecostalismo con el nombre de "La Tercera Fuerza del Cristianismo" (Chistianity's Third Force) -- la colaboración religiosa más importante del siglo. Más o menos dos terceras partes de los evangelistas de América Latina (incluyendo la población latina de los Estados Unidos) son pentecostalistas, y en varios países tradicionalmente católicos, dotados de energía por el entusiasmo renovador, se proyecta un cambio radical hacia la predominancia del protestantismo en el lapso de los cincuenta años venideros.

Los evangelistas que viven en los Estados Unidos realizan actualmente peregrinaciones a iglesias coreanas de proporciones mega, mientras que los misioneros brasileños, refinados conocedores de los medios de comunicación, están comprando teatros céntricos en ciudades de los Estados Unidos y están convirtiéndolos en fuentes de curación y poderío para los inmigrantes hispanoparlantes. Las iglesias con la fachada de "aleluya" se disputan el dominio con las "Santerías botánicas" en Nueva York, en Miami, y en la Ciudad de México. Los coros juveniles de Tijuana, Ciudad Juárez y Guadalajara se mecen y se suenan las palmas al son de las versiones en español de los éxitos religiosos de los negros, mientras que sus homónimos en San Diego, El Paso, y Los Angeles manejan maestralmente lo último de la polka, cumbia, salsa y merengue de compositores de cánticos religiosos de México y de América Central.

En cierto modo esto trae a colación los primeros y prometedores años del movimiento cuando "la 'barrera del color' se había diluído en la sangre," al decir del historiador Frank Bartleman, testigo presencial de la primera sesión renovadora del movimiento en la calle Azusa. Para contraste, los que eran ajenos al movimiento cogieron el asunto de esta mezcla para usarlo como muestra de transgresión, y de tal manera comprobaban la naturaleza hereje del movimiento. El periódico Los Angeles Daily Times estaba particularmente molesto con la manera en que varias mujeres blancas declararon haber abandonado sus hogares y cónyuges para ir tras el "líder negro tuerto" William Seymour. Para peor escándalo, el periódico relató que una "atractiva tipeja negra se colgaba del cuello de un individuo blanco de entre el público...suplicándole que 'fuera al altar'."

Antes de cumplir dos décadas de haber sido fundado, el pentecostalismo de los Estados Unidos se había fragmentado totalmente por cuestiones raciales, sobre todo. William Seymour, vencido por sus correligionarios blancos, murió de tristeza en 1922 en Los Angeles. En los años siguientes, los pentecostalistas blancos se empeñaron en escalar a niveles superiores y en ganarse el respeto social y teológico de la familia evangelista estadounidense, mientras que por su lado los pentecostalistas negros se unieron a otras iglesias afroamericanas para la edificación de espacios alternos. Quedándose al margen, los pentecostalistas latinos se encargaron de atender con sus ministros a los paisanos peregrinos de la diáspora de inmigrantes de México y de Puerto Rico.

Razonablemente, entonces, los pentecostalistas negros y blancos ocuparon trincheras opuestas durante la mayor parte del movimiento de los derechos civiles. Más recientemente, siendo uno de los máximos defensores de la Propuesta 187 antiinmigrante de California un ministro que se ordenó en la iglesia "Assembly of God" (anteriormente había sido oficial regional de Migración--Immigration and Naturalization Service), muchos de los señalados acudían a las iglesias de la Asamblea de Dios por todo el estado.

Actualmente las mesas se han cambiado. Hace poco, en Memphis, líderes pentecostalistas negros y blancos se arrodillaron y se hicieron el lavatorio de los pies mientras que de los ojos les brotaban lágrimas de arrepentimiento. La reconciliación racial y la dignidad del inmigrante también han figurado en el quehacer de Los Que Tienen Palabra (Promise Keepers), un movimiento evangelista masculino integrado considerablemente por pentecostalistas. Las iglesias pentecostales prósperas suburbanas ostentan ahora una creciente diversidad racial -- tanto en su comunidad como en la liturgia y en la música religiosa de los negros -- aunque esto representa, a veces, una merma de parroquianos y de gente con talento en las congregaciones más pobres de latinos y de negros, de donde algunos son atraídos.

Tampoco es decir que por cada abrazo multicultural ferviente dado en una reunión de Los Que Tienen Palabra (Promise Keepers), exista una reunión equivalente en amabilidad para los últimos en llegar: el extranjero indocumentado, la madre que depende de la asistencia pública para la manutención de los hijos menores (A.F.D.C., siglas inglesas), y el pandillero violento. Pero después de setenta y tantos años, el poder primario y la piedad revelados en la calle Azusa de nuevo hacen un llamado. Como respuesta, el país entero da señas recomfortantes que mantienen vigente alguna posibilidad de que seamos conducidos al milenio próximo en el marco de una reconciliación racial.

El 17 de mayo, un día antes del domingo de Pentecostés, Pentecostal Heritage, Inc., los conserjes afroamericanos del edificio en Los Angeles -- que actualmente alberga una congregación filipina, a unas puertas de una congregación Apostólica latina -- van a dedicar todo el día a la curación y restablecimiento. Para ellos esta zona devastada por incendio -- últimamente transformada, de nuevo, de coreana a centroamericana -- está, más que nunca, necesitada de una respuesta a la plegaria de la reunión renovadora original: "Señor, Mándanos la Lluvia."

Traducción de PNS por Rudolph Aceves.

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