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Promotores -- Nuevo Género De Servicio Al Cuidado De La Salud En La Era Posterior A La Asistencia Social En Los Estados Unidos

Por Samuel Orozco

Date: 05-28-97

En China son los "doctores descalzos;" en América Latina son los "promotores" de la salud. En los Estados Unidos se ha generado un prestador de servicios similar, casi siempre sin más entrenamiento que de seis semanas en alguna clínica local. Estos prestadores de servicios se esfuerzan por extenderse para llegar hasta las más necesitadas comunidades con su red de seguridad de servicios mÉdicos. Samuel Orozco, corresponsal de PNS, hace poco visitó las instalaciones del proyecto "Opening Doors" de La Salud Comunitaria de South Dade, misma que entrena y supervisa a los promotores que atienden a los migrantes campesinos de las regiones pantanosas de Florida. Los prestadores de servicios para la salud, provenientes de todo el país, se reunirán en junio en la ciudad de Nueva York, patrocinados por varias fundaciones para evaluar el papel de estos proyectos en la era de la postasistencia social. El corresponsal Samuel Orozco es miembro de la prensa de Kaiser y director de noticias de radio bilingÜe, estación de radio en español ubicada en Fresno, California. PNS TIENE FOTOGRAFIAS DISPONIBLES PARA ESTE ARTICULO. LLAME AL 415/243-4364 PARA MAYOR INFORMACION.

Ciudad de Florida, Florida.- A la edad de 28 años, Marcos Francisco sigue estudiando para obtener su certificado equivalente a la secundaria. Su apariencia difícilmente se ajusta a la de un prestador de servicios de salud. Sin embargo es eso precisamente, al hablar en su lengua materna, el maya, la salpica de términos técnicos en español, lanza su palabrería seductora, advirtiendo, para tratar de persuadir a los miembros de su comunidad, los indios Kanjobal, de que vayan al Centro de Salud de la Región Pantanosa (Everglades Health Center) en la cercana Ciudad de Florida.

La mayoría de estos jóvenes que le prestan atención a Marcos --campesinos que laboran en los campos tomateros y freseros de las regiones pantanosas de Florida -- ven con escepticismo esa "nueva" sabiduría. A ellos les importa más el trabajo y un techo que cualquier problema de la salud, así éste sea de tuberculosis, alcoholismo o SIDA. Aún así él los escucha cuidadosamente y contesta sus preguntas, basándose en un curso intensivo de seis semanas que tomó en una clínica local.

Marcos es uno de los siete "promotores de salud" que trabaja con la Salud Comunitaria de South Dade (Community Health of South Dade), organización sin fines de lucro que supervisa clínicas en media docena de pueblos del condado. Por todas partes del país, quizás algunos centenares más de hombres y mujeres que se mueven dentro de sus comunidades, están ayudando a que la gente atraviese la creciente barrera cultural y ecomómica que hay para el cuidado de la salud. Para estar al día con la dinámica cultural de sus comunidades operan con diferentes denominaciones: "amigas hermanas" en Chicago, "mediadores culturales" en Seattle, y "promotores" aquí.

Estos programas han ido creciendo en los Estados Unidos desde los años sesenta, inspirados en el éxito de los "promotores" en América Latina y el de los "doctores descalzos" en China. Dada esa marcada particularidad de operar localmente, se desconoce con exactitud cuántos trabajan actualmente en los Estados Unidos, problema que puede ser resuelto cuando la red de trabajo nacional de prestadores del cuidado de la salud se reúna en New York el mes próximo. Los patrocinadores -- que incluyen las Fundaciones Annie E. Casey, Robert E. Johnson y Familia Kaiser -- creen, en vista de que los recortes de fondos y del marcado giro hacia el manejo controlado de servicios médicos hace menos accesible el cuidado médico, que estos promotores tal vez sean la única cara amable con que cuenten las comunidades marginadas en los Estados Unidos para el cuidado de su salud.

Marcos y sus colegas tienen una tarea particularmente difícil. Están tratando de extender una red de seguridad para el cuidado de la salud para cubrir al grupo laboral de más alto riesgo en materia de infecciones o enfermedades laborales: los campesinos migrantes.

En el centro de Homestead, Alfredo Valle está tratando de localizar a su "cliente" -- un migrante y drogadicto expulsado de su departamento por golpear a su esposa -- compartiendo relatos en el caló de su tierra salvadoreña. Mario Medina encuentra que los dichos mexicanos le ayudan a romper el hielo, y así sus paisanos no se ofenden cuando empieza a hablarles acerca de la planificación familiar.

"Nosotros los mexicanos somos muy sensibles a ciertas palabras, acciones y al lenguaje corporal," dice Hilda Ochoa, quien coordina el proyecto de los promotores (llamado "Opening Doors") para el Centro South Dade. Aunque los promotores no son profesionistas en el sentido habitual, "ellos son de la comunidad. Saben cómo piensa la gente, a qué hora se les encuentra en casa, y cuándo se les puede tutear, cosas que un profesionista difícilmente puede lograr."

Dice Ochoa que hace cuarenta años, su padre, un campesino, caminó días y días con un enorme absceso hasta llegar a México, en lugar de pedir ayuda en California.

Los campesinos sufren exageradamente de enfermedades relacionadas con la desnutrición y los parásitos, y ocupan el segundo lugar en incidencia de accidentes laborales. Sin embargo, por cada cinco campesinos ni uno tiene acceso a una clínica de salud, según el Centro Nacional para la Salud del Campesino en Austin, Texas (National Center for Farm Worker Health).

Dicen los empleados de la salud que la situación no puede sino empeorar ya que las reformas de la ley de inmigración y de asistencia social de 1996 dañan más y más la red de seguridad de los campesinos. Por lo menos un suicidio -- un hombre de setenta y cinco años de edad, en Stockton, California, campesino por más de cuarenta años que pensó que su prestación del seguro social (SSI) se le terminaría -- ha sido atribuido directamente a la confusión sobre las condiciones de las prestaciones. Mientras tanto, las deportaciones masivas se han convertido en un hecho de la vida diaria en los campos de trabajo de los campesinos, y aquéllos que carecen de documentos saben que el encarcelamiento es cada vez más factible.

"Da miedo pensar qué les sucederá a los inmigrantes sin servicios de asistencia pública," dice Brodes Hartley, Jr., director del Centro South Dade, "pero nosotros no los abandonaremos." El cree que más y más centros como el suyo van a fiarse de promotores que ayuden a proporcionar esos servicios.

Puesto que a las clínicas se les reembolsa hasta cierto punto, según la cantidad de pacientes, los trabajadores de las comunidades de salud pueden, de hecho, mantener un programa viable. En los ocho años que Terry Gómez ha encabezado el proyecto de promotores en Salinas, California, ella misma ha presenciado que el número de pacientes que acuden a la clínica se ha duplicado, permitiendo así que ésta se sostenga por sí sola.

En la Ciudad de Florida, Marcos Francisco desea continuar estudiando después de terminar su secundaria (GED, siglas en inglés). Pero los recortes del gasto gubernamental significan que tendrá que depender de alguna fuente filantrópica para lograr su anhelo de asistir a la escuela de medicina, ya no se diga para servir de puente entre los miles de migrantes indios sin seguro y los grupos de la Florida que hablan inglés y español.

Traducción de PNS por Rudolph Aceves.

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