Table of Contents
| Jinn Home Page
| Search
| Net-Links
Voices
| Heresies
| Vectors
| Pacific Pulse
| The Americas
| California
| Movements
| Civil Conflicts
| YO!

Intimidades de Impacto Público
Por Richard Rodríguez <richrod@sirius.com>
Date: 07-01-1997
Cada vez que los estadounidenses nos enteramos más de la vida privada de nuestros héroes públicos, más nos inclinamos por concluir que la vida privada no tiene nada que ver con la vida pública. Pero estamos en lo incorrecto. El editor de PNS, Richard Rodríguez es autor de "Days of Obligation" (Viking) y ensayista del Los Angeles Sunday Times.
Todo sabemos acerca de la vida sexual de estadounidenses famosos. Pero más sabemos, menos comentamos; más husmeamos, menos juzgamos.
¡Curiosos estamos! ¿No? Los estadounidenses estamos obsesionados con el chisme. Vemos "Hard Copy" para enterarnos de la indiscreción de Frank Gifford. Compramos The Globe para ver qué hay de Paula Jones o qué pasó con la niñera adolescente en una mansión de los Kennedy. Pero más chisme nos llega y ya sólo tendemos a encogernos de hombros.
Después de varias semanas de noticias acerca de Kelly Flinn, la primera mujer que pilotea un B-52, nos enteramos de que tuvo un romance con un hombre casado, de que es una mentirosa, y de que desobedeció una orden. Nos encogemos de hombros. Encuestas recientes muestran que 6 de cada 10 estadounidenses están convencidos de que la milicia aplica sus normas de conducta sexual de diferente manera a hombres y a mujeres, y que además difieren según el rango.
El Secretario de la Defensa William Cohen no leyó las encuestas. Cohen se equivocó al decir que un romance extramarital de diez años, admitido por el general Joseph Ralston, no descalificaría a Ralston como candidato a Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.
¡Pobre del Secretario Cohen! ¡Pobre del general Ralston! En asuntos de conducta sexual de este país, el Pentágono masculino y heterosexual no ha mostrado ningún grado de sofisticación en últimas fechas.
Por ejemplo, hace unos años, el Estado Mayor de Las Fuerzas Armadas heterosexual se horrorizó de pensar que hubiera homosexuales reconocidos en nuestras filas de combate. ¿Qué iba a ser de la moral? ¿Qué iba a pasar en las regaderas?
De lo que estamos enterándonos ahora es de que el hombre heterosexual (en particular los oficiales) es el que ha perdido el control. La semana pasada, el Sargento Paul Fuller recibió una condena por violación a una subordinada, agresión indecente y tres faltas por sodomía forzada.
Regresemos a la señora Flinn. A mí Flinn me da la impresión de un ser humano no muy honorable. Y a pesar de que algunos feministas han querido crearle una imagen de mujer de lucha y de víctima indefensa, los feministas sí que le atestaron un golpazo a la arrogancia masculina al señalar la desigualdad con que la milicia maneja las faltas en la conducta sexual.
En el extranjero, sociedades más antiguas que la nuestra están asombradas, y divertidas, por nuestras controversias militares recientes. Por ejemplo, se dice que los franceses están desconcertados al ver la preocupación estadounidense por el adulterio en la milicia.
Ah, los franceses.
A pesar de que estoy de acuerdo con los franceses en que el adulterio no es el peor de los pecados humanos, no creo que ellos tengan cara para instruirnos a nosotros en materia de moral. No después de la Segunda Guerra Mundial. No después de Petain y los nazis. La cobardía moral es peor que el adulterio.
Ah, monsieur. Pero en Francia, se muere el presidente, y su amante va al entierro a llorar, codo a codo, con la esposa del presidente.
Es cierto que nosotros los estadounidenses nos preocupamos más por el pecado sexual que la gente de muchos otros países del mundo. Al fin y al cabo somos puritanos por herencia. Pero curiosamente, en los últimos tiempos el libertinaje se ha puesto a la par con nuestro puritanismo. Si estamos obsesionados por el pecado sexual, también estamos obsesionados por el placer sexual. Nos inquietamos, fantasiamos con el último póster de Calvin Klein; nos volvemos más y más promiscuos porque estamos obsesionados con el sexo como sólo los puritanos saben estarlo.
¿Qué se dice en las encuestas acerca de nosotros? Se dice que los estadounidenses están volviéndose menos rigurosos al juzgar el adulterio. Lo que hizo Kelly Flinn con el entrenador de futbol soccer, casado, no nos importa tanto. Nos es más molesto el asunto de la desigualdad sexual que surge del caso. Igual con lo del general Ralston.
Hay algo importante que los encuestadores no preguntan, quizás porque no es fácil responder. La pregunta es la siguiente: ¿Cuál es la relación apropiada entre nuestra vida pública y la privada?
Como hombre homosexual, recuerdo haberme sentido engañado por la transigencia implícita del "no pregunten, no digan," que el Pentágono otorgó a los gays en la milicia. Como homosexual, pero más importante aún, como católico romano, no creo que mi vida íntima sea simplemente un tema privado. Lo que hago en la recámara, en resumidas cuentas, está relacionado con el tipo de hombre que soy públicamente.
Tradicionalmente, la milicia ha comprendido que hay una interrelación entre la vida pública y la íntima. Después de todo, hay una gran sabiduría en las reglas estrictas de la conducta militar: personas en puestos de autoridad pública no deberán ser promiscuos en privado con subordinados.
La misma regla es aplicable para un sinnúmero de puestos públicos en que la autoridad es crucial para el desempeño del trabajo. Como ejemplo, un profesor de la universidad. ¿No estamos en lo correcto al creer que un profesor de la universidad nunca deberá meterse en una relación sexual con un alumno? Dicha relación no sería justa para el alumno ya que el maestro tendría la ventaja. Y sería injusto para el puesto del maestro porque pondría en riesgo la autoridad académica.
En otras palabras, existe una relación entre lo público y lo íntimo, pero nadie quiere pensar en eso. Nos hemos vuelto cínicos y somos democráticos en nuestro cinismo. "¡Al fin hombres!" va de la mano con "¡Al fin mujeres!"
Y, despúes de todo, mientras más nos enteramos de cosas acerca de nuestras figuras públicas más respetables, más sabemos acerca de sus adulterios. Acuérdense de Ben Franklin en París. O del ojo que tenía Thomas Jefferson para sus esclavas. Acuérdense de FDR o de Dwight Eisenhower. Acuérdense de Martin Luther King, Jr. o de JFK.
Al saber más acerca de las vidas privadas de nuestros héroes públicos llegamos a la conclusión de que la vida íntima nada tiene que ver con la vida pública. Pero estamos en un error.
Cierto es que todo ciudadano tiene derecho a una vida privada, pero aquéllos que tienen autoridad pública deben de gobernar sus vidas íntimas con un sentido de responsabilidad pública. El maestro o el general o el político que no cumplen con este cometido caen en el cinismo.
Hoy en día, eso de encogernos de hombros se nos ha venido haciendo costumbre a los estadounidenses. Nuestro ojo metiche no nos deja más que cinismo. Por un lado, nos fascinan las historias de Paula Jones. En esta era de chisme, ella es la Reina de la Recámara de la temporada. Pero, ¿qué sacamos del relato de Paula Jones acerca del hombre público que conocemos como el presidente William Jefferson Clinton?
Otra encogida de hombros. Toleramos a Bill Clinton con todo y sus verrugas. Toleramos a Kelly Flinn.
Acabamos por ser puritanos libertinos. Acabamos fascinados por el sexo sin saber lo que significa realmente. Acabamos por ser chismosos pero no tenemos sabiduría. Estamos fascinados con la vida sexual de la gente pública. ¿Se divorciará Kathie Lee de Frank Gifford? Es la pregunta del momento. Suspendemos todo para oír lo que dice Paula Jones en "Hard Copy" o en "Sixty Minutes." Y al final de todo, nos informan los encuestadores que el nivel de popularidad en cuanto al desempeño del trabajo del presidente no se ha visto afectado por las revelaciones de Paula Jones.
Con razón nos toca tener figuras públicas, hombres y mujeres de poder, que no ejercen ninguna autoridad moral, pues no la tienen. David Letterman bromea acerca de la vida sexual del presidente y a todos nos da risa antes de quedarnos dormidos.
Traducción de PNS por Rudolph Aceves

Pacific News Service,
660 Market Street, Room 210, San Francisco, CA 94104,
tel: (415) 438-4755.
Jinn Magazine: <http://www.pacificnews.org/jinn/>
Email:
<pacificnews@pacificnews.org>
Copyright © 1997 Pacific News Service. All Rights Reserved.
Please do not reprint our stories without our permission.
This article is available for reprint.
For rates and information, call (415) 438-4755 or send e-mail to (415) 438-4755 or at
<pacificnews@pacificnews.org>
|