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HERESIES

El Fuego a la Siguente -- Lecciones de la Tragedia Shabazz

Por Mae Jackson

Date: 07-17-97

La lección que nos da la trágica historia del nieto de Malcolm X, de 12 años de edad, que incendió el departamento de su abuela es que la violencia que se ha desatado en contra de una generación continuará desatándose en contra de generaciones venideras. Los sobrevivientes deben manejar las consecuencias o arriesgarse a ser consumidos por "el fuego a la siguiente." La comentarista de PNS y poetisa Mae Jackson vive en Nueva York y es directora de un plan de enseñanza llamado "Arte sin muros" para los hijos de mujeres encarceladas.

NUEVA YORK - Existen casos en que ninguna disculpa vale. Malcolm X lo sabía. ¡Quién puede imaginarse a Malcolm (intransigente en los elevados terrenos de la moral) pidiéndole a Bill Clinton que se disculpe por la esclavitud!

Ahora el nieto de Malcolm nos da otra lección, misma que como mujer negra yo encuentro emotivamente difícil de manejar. La semana pasada Malcolm Shabazz, de 12 años, se declaró culpable del incendio del departamento de su abuela. Ella murió el 23 de junio a raíz de las quemaduras que sufrió en el incendio.

Hace unos sesenta años, siendo Malcolm X un jovencito, miembros del Ku Klux Klan incendiaron la casa de su padre. Luego, en 1965, unos hombres negros lanzaron bombas incendiarias al departamento de Malcolm X en Queens una semana antes de ser asesinado, a manos de negros también.

¿Porqué tanto fuego?

En los años sesenta el gran novelista negro James Baldwin repetía la advertencia: "Y Dios dio a Noé la señal del arco iris. El agua ahora, el fuego a la siguiente." El torturador se propone aniquilar no solamente a la víctima sino a todo su linaje. El acto violento va de generación en generación. La problemática de los sobrevivientes consiste en dilucidar la forma en que se manejen las consecuencias, y poco tiene que ver con lo que hace el opresor. Se trata de trascender la historia antes de que la historia nos consuma a nosotros.

Yo tenía cerca de veinte años de edad cuando mataron a Malcolm X. En ese entonces yo tenía energía y agallas y no había poder humano que me detuviera: yo iba a ser libre, mi gente iba a ser libre, yo me comprometí.

Actualmente la nostalgia me invade al pensar en los tiempos aquéllos en que éramos personas de color, en que no matábamos a nuestros líderes ni a nuestras abuelas. No sé si la generación de mi madre sintió lo mismo alguna vez.

Johnnie Cochran, el abogado principal de O. J. Simpson, visitó un centro para miembros de la tercera edad en mi barrio de Nueva York la primavera pasada. Más de 300 personas mayores le dieron la bienvenida portando un banderín que decía: "Le demostraste al país que no nos limitamos a jugar baloncesto." Alguien le lanzó pétalos de rosa. El se sonrojó, pero yo comprendí.

Yo sabía que ellos tenían presente una época histórica en la que no podían ver de frente a un hombre blanco. Johnnie los había representado a ellos, a sus hijos e hijas. A ellos les tocó ver a un hombre negro que ve cara a cara a un hombre blanco y que además lo reta erguido. Para ellos esto era un triunfo.

¿Qué puedo yo decir a favor de mi generación? No tuvimos la clase de revolución que esperábamos tener. Incendiamos las barriadas de nuestras ciudades pero no nos valimos de ese fuego para purificarnos. Y es porque quizás ni queríamos escuchar a Malcolm. No quisimos dar ese paso que un pueblo oprimido debe dar si es que ha de liberarse algún día. Queríamos que las cosas cambiaran un poco y estábamos dispuestos a conformarnos con simpatizarles lo suficiente a los blancos como para que dejaran de matarnos.

Mi madre y su generación hicieron su máximo esfuerzo. Nos instruyeron sobre nuestra fortaleza para la sobrevivencia. Sabíamos que éramos capaces de hacerlo, y de hacerlo bien hecho. Pero la libertad era cosa aparte, las responsabilidades espantosas. ¿Cómo vive la gente libre? ¿Qué y cómo piensa?

La semana pasada el sistema judicial en lo criminal casi se para de manos con tal de salvar al nieto de Malcolm X. ¡Qué esperanzas que un juez fuera tan gentil con el hijo de alguna familia de negros pobres acusado de un delito semejante! En resumidas cuentas, con sacar a luz la hipocresía del sistema no conseguiremos que se nos absuelva del delito.

Al escribir "El fuego a la siguiente" (The Fire Next Time) Baldwin estaba diciéndonos que la sobrevivencia no basta. Mi generación debió preguntarse: ¿la sobrevivencia a qué precio? Nos rehusamos a responder a esta pregunta y es por eso que estamos siendo consumidos por fuego.

Sí, éste es un infierno en vida. No hay lugar más ardiente que éste.

Traducción de PNS por Rudolph Aceves.

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