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De Polizontes Pasan A Delincuentes
Por Joe S. Loya
Date: 08-25-97
Los presos notan un cambio curioso en las expresiones inocentes de los guardias novatos, idealistas a veces, recién llegados a trabajar en las penitenciarías. Después de un tiempo los guardias comienzan a parecerse, casi siempre deliberadamente, a los reos. Para el guardia es inconcebible pensar que un delincuente pueda trastornar a un hombre que se rige por la ley, mucho menos a un policía. Sin embargo el caso es crítico, argumenta el editor asociado de PNS Joe Loya, para responder a la pregunta del alcalde de la ciudad de Nueva York, Rudolph Giuliani, mientras su ciudad lidia con el asunto de un detenido torturado por la policía: ¿Cómo pueden policías comportarse como delincuentes? Loya, escritor independiente de Los Angeles, actualmente está escribiendo un libro sobre sus vivencias en la cárcel.
Los Angeles-- Yo nunca pensé que Jimmy Smitts pareciera miembro de la Policía de Nueva York. El es un niño bonito. Con eso de que Hollywood rara vez personifica bien a la ley. Los oficiales de la Policía de Nueva York más bien se parecen a las fotos del oficial Justin Volpe y del oficial Charles Schwarz, o sea, los hombres acusados de retacarle el mango de madera de un destapacaños por el recto a Abner Louima mientras le gritaban "¡Negro de mier..!"
El alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani busca una respuesta que explique cómo unos oficiales de la policía, habiendo jurado protección y servicio, se hicieron los desentendidos mientras el señor Louima gritaba al ser torturado. ¿Cómo? se pregunta el alcalde ¿cómo es posible que actúen como delincuentes?
Yo tengo una pista, señor alcalde. Y tiene algo que ver con la mirada, desalmada y fría como el acero, de esos dos polizontes de las fotografías.
Estando yo en mi celda solía comentar con mis amigos que nuestros carceleros de veras se parecían a nosotros. Esto no es del todo sorprendente. Se pasan la tercera parte de su vida en la cárcel. Verdaderamente podría acusárseles de haber elegido estar en chirona.
En los siete años que estuve encarcelado por haber asaltado un banco, vi a muchos oficiales de la correccional llegar a la prisión fresquecitos, jóvenes, ansiosos y a veces un tanto idealistas. Nosotros los reclusos les llamábamos "peces" a estos guardias novatos. (Así les decíamos también a los delincuentes primerizos que llegaban a la cárcel sin saber lo que les esperaba.) "Pez" deriva su significado, supongo yo, de la metáfora del pez pequeño en aguas enemigas.
A menudo recuerdo a uno de esos "peces," el carcelero de una penitenciaría federal de California. Pudo haber sido cualquier carcelero: en Folsom, California o en Lewisburg, Pennsylvania. Era niño consentido de mamá cuando recién llegó a la penitenciaría.
Tomó en serio su empleo de guardia. Era de complexión mediana y daba la impresión de no importarle gran cosa su apariencia. Llegaba a trabajar con la ropa medio planchada. Se hacía raya en medio del pelo, y éste le cubría las orejas. Llevaba en bolsita de papel su sandwich de ensalada de huevo junto con un molde de plástico donde llevaba una rebanadota del pastel de manzana recién horneado por mamá.
Al principio le molestaba tener poder. No gritaba mucho a la hora de entregar el correo. Si un recluso le hablaba bien, a él le daba por cargarle menos la mano basado en la premisa de que debe haber amabilidad de vez en cuando.
Pero este muchacho no tardó en darse cuenta de que vivía rodeado de maleantes empedernidos que lo tenían por crédulo y maricón. Ya estando en la prisión despertó, como muchos otros antes que él quienes transformaron sus vidas. Pero el cambio suyo tomó otro rumbo.
Empezó a ponerse ropa bien planchada, al estilo de los presos. Se cortó el pelo y empezó a relamérselo, otra vez al estilo de los presos. Se dejó bigote de "cepillo de morsa," al estilo de los presos. Y se volvió obsesivo del poder del mismo modo que los presos.
Empezó a condimentar la plática con las peores obscenidades. Hacía pesas al terminar su día de trabajo y comparaba las técnicas de sus ejercicios con reclusos musculosos, y decía que los cuerpos de dimensiones menores no eran de hombre. Se portaba como esperan los presos antiguos que se porte cualquiera que quiere ser rudo como ellos, obvios y pelando el ojo, y observaba el comportamiento de los verdaderos gángsteres para luego imitarles la pose, el pavoneo y la forma de hablar.
Nunca sucedió al revés. Los reos no llegaban a parecerse a esos muchachos novatos apenas iniciados en el cumplimiento de la ley. Los que venían de buenas familias eran los más desconfiados. En nosotros ya nadie confiaba.
De tal manera empezaban a parecerse a nosotros físicamente. Irónicamente, también adoptaban nuestra actitud de desprecio hacia "los buenos." Los carceleros usaban términos como "rata" y "soplón" cuando hablaban de los oficiales cuya ocupación era investigar a los carceleros deshonestos.
Un amigo mío, amigo desde la niñez y exoficial de la Policía de Los Angeles, habla venenosamente de Asuntos Internos, como si esos oficiales de la policía fueran agentes subversivos con intenciones de debilitar, y no de hacer respetar la ley. Mi amigo no se da cuenta del parecido que existe entre sus propios insultos y los insultos que echan los delincuentes a todos los de la Policía de los Angeles.
Cada que yo o algún amigo mío se topaba con un guardia verdaderamente sádico nos juntábamos y nos consolábamos con el entendido de que sucumbiría a los gajes del oficio. Decíamos "...no se preocupen por él que ya le tocará su turno; él todavía no lo sabe, pero no tarda en ser un pend... infeliz y sólo." De todas las profesiones, los policías tienen el más alto índice de violencia conyugal y de divorcio, ya no se diga de suicidio. Y si no se matan agarran la borrachera en serio. Pues sí, estos tipos son unas verdaderas joyitas. Se odian a sí mismos, Y también los odian la esposa y los hijos.
Empezaban a dar señas de tensión nerviosa como nosotros precisamente porque no concebían que podían ser como nosotros.
Sería un cliché simplemente decir que los oficiales de la policía no son más que otro grupo de mafiosos. Actuar como delincuentes es exactamente lo que hicieron los tipos de la Policía de Nueva York involucrados en la tortura.
Si ustedes todavía lo dudan, échenle un vistazo más de cerca a la foto del periódico. Es casi exactamente igual a mi foto de preso.
Traducción de PNS por Rudolph Aceves.

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