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El Papa Y Fidel Castrom Paraja Dispar-- Apreciaciones de un Católico Estadounidense
Por Richard Rodríguez <richrod@sirius.com>
Date: 01-12-98
La próxima visita del Papa a Cuba y su encuentro con Fidel Castro se ha descrito como una suerte de duelo ideológico: el creyente vs. el ateo, el católico vs. el comunista, el Viejo Mundo vs. el Nuevo. Sin embargo, la verdad de las cosas es mucho más compleja, en la opinión y desde las circunstancias particulares de Richard Rodríguez, editor de Pacific News Service. Rodríguez, autor de "Days of Obligation" (Viking), es ensayista de la PBS para "The News Hour with Jim Lehrer."
San Francisco -- El Papa Juan Pablo II viajará a Cuba. El Papa que combatió al imperio soviético será huésped del último héroe marxista del mundo. Sí, una pareja dispar. ¿Y? ¿Por qué no?
Yo creo que los estadounidenses, en especial los que no son católicos, suelen admirar a este Papa. êl destaca, sobre todo, como un líder mundial excepcional -- un hombre de implacables principios morales que dice lo que piensa. Asimismo, los estadounidenses lo ven como el Papa anticomunista, el defensor polaco de la libertad.
Pero este mismo Papa anticomunista ha sido también un implacable crítico del capitalismo -- con un especial enfoque en las crueldades y en el darwinismo social de la economía del mercado libre.
El Papa polaco pertenece, más bien, a las comunidades del Oriente. Después de las manifestaciones en contra de su papado que hubo en Holanda y Alemania en los años ochenta, uno podía percibir un creciente desdén de Roma hacia el Occidente individualista y decadente.
Debo confesar algo: soy católico de nacimiento y por elección propia -- pero no dejo de ser un católico estadounidense, con todas las contradicciones que implica serlo. A la vez que he sido moldeado por los valores comuniales del catolicismo, me he criado dentro de una cultura cívica protestante.
El verano pasado se dijo que el Papa había estado profundamente conmovido por la gran cantidad de católicos jóvenes que se dieron cita en París para festejar su religión. Fue un acontecimiento sorprendente para el catolicismo europeo, decadente ya desde hace varias décadas -- las iglesias de Europa no son mucho más que un atractivo turístico.
Mundialmente, el apoyo económico de la Iglesia proviene en gran parte de los Estados Unidos y de Alemania, con dólares y marcos alemanes. Pero el gran progreso del catolicismo está en el Tercer Mundo, en Africa y en Asia y en una Europa Oriental resurgente. No así en Occidente.
Fidel Castro tuvo crianza católica en una Cuba que mezclaba la ortodoxia romana con la santería afrocaribeña; estuvo en escuelas católicas. A pesar de su crueldad mortífera queda algo casi victoriano hoy día en La Habana de Fidel, contrastando con los años burdelescos anteriores a la revolución.
Si viviera Graham Greene, el gran novelista católico y simpatizante de causas izquierdistas de América Latina, indudablemente que disfrutaría el espectáculo del abrazo entre Fidel Castro y el Papa anticomunista. Si a diferencias vamos, culturalmente estos dos hombres seguramente que se comprenden. El Papa tiene más en común con Fidel que con Bill Clinton --el protestante, individualista y capitalista.
Los sacerdotes de Roma me dicen que el Vaticano aborrece la expansión del hedonismo occidental. Roma espera que sea el Oriente el que salve al Occidente. Mientras tanto, una cantidad sorprendente de monjas y sacerdotes estadounidenses que conozco declaran su impaciencia ante una Roma autoritaria y un Papa intransigente.
La Iglesia Católica Estadounidense se horroriza de ver la creciente división entre los tradicionalistas que se apegan a Roma y los católicos más individualistas que suelen ignorar las palabras del Vaticano en asuntos como el control de la natalidad y la posición de la mujer.
Yo me ubico del lado más individualista del catolicismo estadounidense. Soy, por ejemplo, católico homosexual e hijo de la Iglesia: busco el equilibrio entre el pronombre en primera persona -- el "yo" estadounidense -- y el "nosotros" romano.
Así las cosas, estaré observándolos. El Papa y el comunista. Dos hombres tan distintos, pero con seguridad identificables entre sí.
El Fidel de la barba cana es una figura de respeto, incluso de afecto, en gran parte de América Latina. Su fallida ideología marxista le ha merecido menos admiración que su destreza, a través de tantos años, para enfrentársele al bravucón gringo.
El Papa, frágil y tembloroso ya por la edad, no deja de ser un gigante en el mundo. êl en Cuba, los estadounidenses veremos en él al contrincante que triunfa sobre el imperio soviético ateo.
Sería conveniente recordar que este Papa nos tiene en la mira crítica a nosotros también, a noventa millas de distancia.
Traducido por Rudolph Aceves, PNS.

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