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CALIFORNIA COLLAGE

Cuando "Multiculturalismo" Significa Pelearse Por Las Sobras

Por Josh Parr

Date: 03-16-98

En San Francisco, con una población estudiantil muy diversa, la batalla ha explotado sobre una proposición del consejo de escuelas que requiere que hasta el setenta por ciento del plan de estudios consista en obras de autores no blancos. ¿Qué piensan de esta proposición profesores jóvenes y trabajadores de la juventud al frente de esta nueva mayoría de California? Éste es el segundo de los tres artículos de hoy por colaboradores de Brave New World, una coalición vinculada a Pacific News Service con escritores cuyas edades están alrededor de los veinte años. Josh Parr es editor de Revolutionary Judo y uno de los editores de YO! (Youth Outlook), un periódico por y para jóvenes producido por Pacific News Service. SEGUNDO DE TRES ARTÍCULOS.

Vivir en un mundo en el que eres, como tus historias, periférico, significa no tener un sentido de hogar. Integrar historias de escritores no blancos en el plan de estudios de las escuelas públicas es un intento de hacer que los estudiantes vislumbren algo de ese hogar dentro del aula.

Con un porcentaje calculado por los demógrafos de entre cero y 0.5% de la población de San Francisco, ningún grupo se encuentra más implicado en el esfuerzo por incluir a las "minorías" en los planes de estudios que los nativo-americanos.

Pero una palabra de atención. En la escuela de la Carta Nativo-Americana de Oakland en la que daba clases, mis estudiantes decían a menudo: "Estoy harto de que me enseñen lo que significa ser indio". A través del cultivo de un jardín tradicional o sentándose en círculos de conversación, los profesores trataban de inculcar en sus estudiantes conocimiento sobre la cultura y un sentido de la historia. Pero los estudiantes se identificaban más con Tupac y Little Kim que con Black Elk ("Alce Negro") y Joy Harjo. Alentados a realizar murales en el jardín, los estudiantes querían pintar sus nombres en la valla con aerosol.

Otro grupo de jóvenes nativo-americanos con los que hablé recientemente, el cual había asistido a diversas escuelas públicas, veía las cosas de otra forma.

"Siempre aprendemos sobre historia afro-americana", decía una joven, poniendo como ejemplo la "Canción de Salomón" de Toni Morrison. "Pero nunca escuchamos nuestras propias historias". Como facilitadora de muchas discusiones sobre representación e identidad racial entre la juventud multicultural, esta es una frase que he escuchado repetidamente. Estados Unidos está tan pegado a su dicotomía blanco/negro de los 1960s que cualquier discusión sobre representación o equidad se convierte, casi por defecto, en una conversación sobre estos dos grupos.

Recuerdo una discusión particular entre dos jóvenes, uno negro y el otro nativo-americano.

"¡No ha habido jamás algo que se compare con 400 años de esclavitud!", dijo el muchacho negro.

"¿Estás diciendo que el genocidio no significa nada"?, desafió el nativo-americano.

El objetivo de esta discusión era ganar el título de "El que tiene más derecho a estar enojado con los blancos" así como recibir todos los beneficios imaginarios que de él emanan: becas, páginas en los libros de historia, asistencia pública, 40 acres y una mula, cualquier cosa. Es una idea proveniente de los días en que el ardor liberal blanco empujó hacia adelante una agenda de acción afirmativa. En vez de ver un enemigo común, los "oprimidos" terminaron peléandose entre ellos.

Si las minorías comienzan a pelearse por un espacio en la lista de lecturas, esto reducirá la literatura a simplemente una nota más al pie en el debate de política de la identidad. La inclusión en el plan de estudio se convierte en un tema de tiro al blanco. La pequeña zanahoria de la inclusión hace que la niña nativo-americana se sienta resentida frente al autor negro. Como siempre, los así llamados regalos del sistema dividen a la gente de color mientras éstos luchan por cuidar de si mismos.

Querer que "nuestras historias" estén presentes es natural. Formar parte de la imaginación nacional enciende la nuestra propia. Ganamos un sentido de pertenencia, un sentimiento de poder. Y una lista de lectura diversa es, sin duda alguna, mejor que un trago puro de vainilla. Pero el resultado final es que todos estos acalorados debates sobre la representación vuelven los grupos "minoritarios" en contra el uno del otro, dejándonos, una vez más, peleándonos por las sobras.

Traducido por Lucrecia Miranda, PNS.

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