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Una Perspectiva De La Juventud: ¿Qué Es Lo Que Está Yendo Mal En La América Rural?

Por Evelyn Thornton

Date: 04-13-98

Historias de violencia en áreas rurales como la del reciente tiroteo en Jonesboro, Arkansas, son siempre recibidas con sorpresa y alarma. Pero estas reacciones, de acuerdo a la comentarista de PNS Evelyn Thornton, tienen más que ver con nuestra imagen de lo que es la vida fuera de las áreas urbanas que con la realidad del mundo de los pueblos pequeños. Thornton creció en la Virginia rural y es parte del equipo de YO! (Youth Outlook), un periódico hecho por y acerca de los jóvenes, producido por Pacific News Service.

Cuando le digo a la gente que soy del campo, imágenes de vacas y cocina casera aparecen instantáneamente en su cabeza. Pero la historia de Arkansas, en la que unos chicos asesinaron a otros con rifles de caza, hace pedazos todo romanticismo.

La pregunta a la que le damos vueltas y más vueltas es por qué esto está ocurriendo. ¿Qué pasó en Walden? ¿Cómo puede suceder algo así en un lugar en que la vida se supone ha de ser calma y tranquila?

Esto pasa porque el ritmo lento, tranquilo de los pueblos pequeños está desapareciendo. Yo crecí en una granja, cerca de un pueblo -- o debiera decir cerca de una subdivisión próxima a un pueblo, cerca de otra subdivisión por otro pueblo más grande más cerca de la ciudad, con más subdivisiones. Cuando era una niña, la mitad de esas subdivisiones no estaban allí (y cuando vaya a casa después de haber faltado tres meses habrán posiblemente muchas más).

Están comunicadas por autopistas veloces repletas de cadenas de comida rápida y otras tiendas de servicios en el acto. En esta caótica suburbanización, el pueblo queda perdido. Los intercambios entre la gente son rápidos y eficientes, pero se reducen a si quieres o no quieres papas fritas con tu hamburguesa. Todos y cada uno son una unidad envasada en plástico al vacío; y una unidad no puede ser una comunidad.

En esos tiempos íbamos en bicicleta a "la ciudad", a Wasky´s Mill, donde nos sentábamos a comer conos chorreando helado y escuchábamos todo lo que los viejos granjeros se decían uno al otro sobre la sequía de los cultivos de maíz o una nueva vaca. Ahora una reluciente estación de servicio Exxon con luces de neón está en aquel lugar, vendiendo Frozefruit. No muchos niños hacen aquella expedición; y los granjeros están desapareciendo, abriendo cada vez más tierra a la construcción de casas-establo prefabricadas, al estilo "country".

La muerte de la comunidad rural, donde la gente interactuaba, afecta directamente a los niños tratando de crecer tras las huellas del suburbio, como vimos en Arkansas. Los chicos crecen sin sentido alguno de que las personas son personas. Para ellos son sólo figuras de televisión que debieran sin más levantarse otra vez después de que les han disparado, como lo hacen en televisión. Los chicos de esta generación sin comunidad comen plástico, conducen en plástico, miran plástico. Sin interacciones humanas empezamos a sentirnos de plástico, y asumimos que los otros deben ser de plástico también.

Cuando tenía diez años, mis padres nos hicieron pasar por una fase de "hagámoslo nosotros mismos". Cultivábamos toda nuestra comida, y mi mamá hacía su propio pan y manteca con la leche de las vacas que ordeñábamos.

Yo lo odiaba. La manteca no era suficientemente salada, el pan tenía granos de harina, y la mermelada era pura semilla. Me moría de ganas por un arrollado de frutas --esa fruta plasticosa pegada a un papel de plástico-- como el que los otros chicos comían para su almuerzo. Incluso matábamos nuestro propio pavo para el Día de Acción de Gracias.

Ahora miro para atrás y me doy cuenta de que fui afortunada de haber tenido esa inyección de realidad. De hecho comer lo que has matado le da al matar un sentido muy diferente; proporciona una apreciación mucho más profunda de la vida.

Ahora regaño a mis padres por sus lapsus: pico a mi madre con plantar el jardín y hago muecas frente a las cajas de tentempiés en nuestras alacenas. Ojalá mi hermano y mi hermana más pequeños hubieran tenido la edad suficiente para apreciar aquellas "inyecciones de realidad".

Toma trabajo y tiempo hacer una vida de familia, y a pesar de que tenemos tantas cosas diseñadas para hacer nuestras vidas más fáciles, tenemos menos y menos tiempo mientras corremos por la autopista interestatal y nos detenemos en McDonalds para caer finalmente delante del aparato de televisión.

Incluso en mi propia familia, los juegos de fútbol y las agendas individuales han conducido a una vida más "plástica" y menos personal. Antes sólo acostumbrábamos a mirar los dibujos animados de los sábados a la mañana, pero ahora mi hermano y mi hermana miran televisión y películas toda vez que no están en un coche o en una cabina de plástico.

Yo le digo a la gente que soy del campo, pero la verdad es que Walden ya no existe y la escena se parece mucho más a una película de terror de Stephen King.

Traducido por Lucrecia Miranda, PNS

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