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CIVIL CONFLICTS

¿Quién Es Más Malévolo Que Los Adolescentes? -- Los Adultos Obsesionados Con Represalias

Por Robin Templeton

Date: 06-01-98

Desde Jonesboro, Ark, a Springfield, Or., ciertos adolescentes se están armando y disparando a compañeros de clase. Han sido categorizados como niños malévolos por los medios de comunicación. Pero aún peor son las iniciativas de adultos creadas para combatir el crimen -- incluyendo legislación que, si se aprueba, ejecutaría a niños de once años de edad. Robin Templeton, editor de PNS -- y partidaria de jóvenes y activista para el mejoramiento de prisiones -- está escribiendo un libro sobre cómo la juventud está respondiendo a la legislación punitiva de los 90.

Una serie de matanzas en varias escuelas, llevadas a cabo por jóvenes -- incluyendo el último masacre en la cafeteria de una escuela en Springfield, Or. -- ha facilitado un horror más previsible: legislación que juzgaría a niños de 10 años como adultos y que aplicaría la pena de muerte a niños de 11 años. Es como si unos pocos niños malévolos -- "niños malos" los llamamos -- están absolviendo a los adultos de tener que preocuparse de los problemas de los adolescentes.

"Las leyes juveniles actuales no podrían haber anticipado estos tipos de crímenes cometidos por niños tan jóvenes", explica el representante de Texas Jim Pitts, quien está patrocinando la última rueda de legislación de represalias.

Pero es la generación de Pitts que justifica la preocupación. Por el último cuarto de siglo, los "baby boomers" -- no los niños o adolescentes -- han impulsado el incremento en crímenes violentos. El FBI reporta que, entre personas de 30 a 49 años de edad, el índice de detenciones debido a crímenes violentos es dos veces más alto que en 1975. Incidentes de homicidio por niños de 13 años o menos ocurren con menos frecuencia que en 1965.

Texas no es el único estado. Mucho antes que Jonesboro, los gobernadores de California y Nuevo México apelaron en nombre de las vítimas del crimen juvenil para leyes que facilitaran la ejecución de niños de 13 y 14 años. En varios estados, y a nivel nacional, los esfuerzos para juzgar a los adolescentes como adultos y abolir la segregación entre prisioneros juveniles y adultos están en aumento.

El estado de Nueva Jersey está desarrollando tecnología de satélite que vigilaría a criminales jóvenes por medio de transmisores portátiles. El director de la Juvenile Justice Commission anuncia orgullosamente que el systema es como "Star Wars".

En breve, la guerra contra el crimen está obsesionada con los jóvenes -- pero no como si fueran las víctimas. Esto no debe sorprender a la juventud. Después de todo, es más probable que los adolescentes sean asesinados por adultos -- inclyendo sus propios padres -- que viceversa.

"La única vez que la gente nos presta atención es si recogemos una pistola y disparamos a alguien", me contó un amigo de 16 años una semana después de la matanza en Jonesboro. Pero la mayoría de los jóvenes está más preocupada con desayunar bien que eludir balas. Casi 12 millones de adolescentes en Estados Unidos son malnutridos, según el Children's Defense Fund. El índice de pobreza entre jóvenes es 50 por ciento más alto hoy que en 1970.

La respuesta a todo esto por parte de los adultos le daría escalofríos a Charles Dickens: desde 1970 hemos cortado los gastos en educación por 25 por ciento, y hemos incrementado los fondos para encarcelar a los jóvenes por $3.2 mil millones. Si seguimos por el mismo camino, uno en cada 20 niños nacido en 1997 pasará tiempo en cárcel. Para hombres, el nivel será uno en cada 11, y para afro-americanos, uno en cada cuatro.

Lo irónico es que la generación de "baby boomers" que apoya esta política se crió con poca confianza en los adultos. Hoy, son los adultos que no confían en los adolescentes. Un estudio realizado en 1996 por RAND encontró que los adultos estadounidenses creen que los juveniles causan 50 por ciento de los crímenes violentos. La FBI, por otra parte, reportó ese mismo año que adolescentes causan entre el 10 y 15 por ciento de los mismos crímenes. El marzo último -- la misma semana que los medios reportaban sobre la matanza en Jonesboro -- la FBI anunció una bajada de un 30 por ciento en el nivel de homicidios durante los últimos tres años.

"Yo sé qué será la Tercera Guerra Mundial -- una guerra contra los adolescentes", pronosticó Emilio (17 años), después de ver Twelve Monkeys, una película con Bruce Willis sobre la anti-utopía post apocalíptica. Según la National Criminal Justice Commission, los fondos para combatir el crimen están incrementando tres veces más rápido que dinero gastado para la defensa nacional. El espectro de niños de 10 y 11 años vestidos en camuflaje, portando rifles mientras que cazan a sus compañeros, sirve como una nueva "amenaza roja" para el complejo post-industrial, que está por competir con el complejo militar-industrial. Esta vez el enemigo está entre nosotros -- nuestros propios hijos.

Las guerras, por supuesto, pueden ser útiles. La Segunda Guerra Mundial reclutó a 10 millones de estadounidenses después que la Gran Depresión resultara en el desempleo de 15 millones de americanos. En las economías que se alejan del movimiento industrial, las prisiones convierten a residentes, que de otra manera son prescindibles, en materia prima y márgenes de ganancia.

La guerra contra el crimen está asimilando a los adolecentes marginales al criminalizarlos por crímines económicos y no violentos, como la posesión de drogas. La leyes "three strikes" no dejan dudas que no existen cosas como la redención después que alguien comete un crimen.

Dando la cara a Springfield -- o Pearl, Ms., o Memphis o Jonesboro -- requerirá reconocer que los jóvenes desvalorizan la vida hasta el punto que sus vidas son desvalorizadas por adultos. En pueblos considerados como el corazón de Estados Unidos, los adolescentes malévolos están imitando a los adultos determinados en demostrar, más y más, que ellos pueden ser aun más malos.

Traducido por Alfonso Serrano F., PNS

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