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Instantáneas de Verano: Mirando Atrás Desde El Futuro
Por Richard Rodríguez <richrod@sirius.com>
Date: 07-21-98
La instantánea ‹las llamadas fotos "indiscretas" de los momentos cotidianos de una vidas comúnes el tema de una exposición recientemente inaugurada en el Museo de Arte Moderno de San Francisco. Una visita a dicha exposición movió a Richard Rodriguez a reflexionar sobre el valor y el significado de este artefacto particularmente democrático. El editor de PNS Richard Rodriguez es autor de Days of Obligation, y de la obra de próxima publicación, The Color Brown. Rodriguez es ensayista habitual del programa de PBS, "The News Hour con Jim Lehrer" y de Los Angeles Sunday Times.
Todos hemos sacado instantáneas. Del perro de la familia, del abuelo, o del nuevo bebé en la cuna, o de los recién casados. Igualmente, todos hemos estado parados frente a una cámara, esperando impacientemente como niños, esperando que la cámara dispare antes de salir corriendo.
Una exhibición que explora las instantáneas se inauguró recientemente en el Museo de Arte Moderno de San Francisco. ¡Una idea tan extraña pero tan maravillosa para una exposición en un museo!
Fue un empleado bancario de Rochester (New York) llamado George Eastman quien entusiasmó a los americanos con la idea de tomar instantáneas. El genio de Eastman, como el de Henry Ford, fue democrático y absolutamente americano. La cámara Kodak ‹ que él introduciera en 1888 ‹hizo barata una nueva tecnología, y la hizo atractiva para el hombre común o, más precisamente, para "la mujer Kodak" (como se la llamaba en ese entonces, en los avisos de periódico de Eastman).
A causa de George Eastman, los americanos empezaron a tomarse fotografías en ocasiones especiales y, más tarde, en toda ocasión. La cámara disparaba el año entero, pero especialmente durante el verano cuando el sol se quedaba por largo rato y las noches llegaban tarde. Los americanos decían cheese. En la playa. Comiendo helado.
Etimológicamente, snapshots (instantáneas) es un término de caza que describe la descarga rápida de un arma de fuego. Clic. Clic. Clic. El azar es crucial para las instantáneas (al contrario que para la video-cámara, que fuerza a la gente a empezar a "actuar").
No hay mucho arte en la mayoría de las instantáneas. La vida captada sin diseño. El gato en el árbol. La bicicleta nueva. El árbol de Navidad, antes de que se abrieran los regalos.
El centro de las instantáneas no es nunca el fotógrafo, la persona detrás de la cámara. Es siempre el sujeto enfrente de la cámara. Eso es lo que ofendía a los grandes maestros de la fotografía moderna.
La fotografía artística ‹ esas hermosas fotografías que uno ve colgadas habitualmente en museos y galerías de arte ‹ se desarrolló como reacción a las instantáneas. Alfred Stieglitz, por ejemplo, deploraba el poco esfuerzo y escaso auto-conocimiento que requerían las instantáneas. Él quería algo a mitad de camino entre el rígido formalismo de la fotografía de estudio del siglo XIX y las instantáneas hechas al azar.
Pero así como una canción folklórica toca algo en nosotros que es profundamente humano de un modo más fácil que con un área complicada, las instantáneas nos emocionan precisamente por su falta de arte. Ver atrapada la vida mundana, por un instante, es darse cuenta de cuán inesperados y cuán arbitrarios, y cuán sin adorno son los momentos de nuestras vidas.
Mirando instantáneas vuelvo a recordar el último acto de Our Town, de Thornton Wilder. Emily, desde la tumba, contempla a su madre preparar el desayuno. Es una escena terrible. Emily llora por los detalles magníficos de su vida la cual, como una niña viva, no pudo absorber en su totalidad: la ropa recién lavada, los girasoles de su madre, los baños calientes.
La vida transcurre demasiado rápido. La instantánea captura el rostro en el coche que pasa o el perro durmiento en un charco de sol. Pero, por supuesto, la instantánea no "atrapa" el instante en absoluto. Sólo nos recuerda qué rápido pasa el momento, cuán repentinamente pasará este verano.
Mirar viejas instantáneas ‹ las de uno o las de algún otro‹ es sentir finalmente el peso del tiempo. ¿Ese chico era realmente yo? Qué joven que parecía mamá, si bien en aquel momento nunca lo supe.
Lo extraño de posar para las instantáneas es que nunca apreciamos del todo cómo, algún día, miraremos hacia este momento y nos sorprenderemos. Oímos la cámara disparar. La instantánea preserva el momento para siempre. Apenas vagamente nos damos cuenta, entonces, de cómo vamos a mirarnos fijamente a nosotros mismos con asombro, algún día, mirando atrás desde el futuro.
Finalmente, las instantáneas divierten a los jóvenes y consuelan a los viejos. Estudiar una instantánea, ver un momento en cualquier vida ‹ la quietud de un lago en julio ‹ es ver el mundo, como le dice el director de escena de Thornton Wilder a Emily, como sólo los santos y poetas ven el mundo. Conscientes del prodigio, el misterio, este momento cualquiera.

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