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VOICES

Crimen Y Terapia

Por Richard Rodríguez

<richrod@sirius.com>

Date: 09-16-98

Actualmente, los estadounidenses contemplan grandes temas -- el pecado, el arrepentimiento, el perdón -- pero parecen estar contentos con las confesiones lagrimosas y la terapia. Quizás un día pagaremos las consecuencias de la vaciedad moral que existe en el país. Richard Rodriguez, editor de PNS, es autor de "Days of Obligation" y el libro venidero "The Color Brown". También es ensayista para el News Hour with Jim Lehrer y el Los Angeles Sunday Times.

Después de escuchar a Bill Clinton confesar su pecado el otro día, me acordé de las monjas irlandesas-católicas de mi juventud. Lo que sabían esas monjas es que el hecho de confesar un pecado es sólo el primer paso; lo que debe seguir es algo llamado penitencia. Para un joven, imaginarse esto no era fácil.

Hoy, sociólogos halagan a los estadounidenses cuando nos dicen que somos una de las naciones que con más frecuencia asisten a la iglesia. Pero después de la confesión del Presidente, lo que está claro es que la comprensión religiosa popular (como la que se menciona durante los desayunos en la Casa Blanca) es sentimental y débil.

Muchos de los pastores y sacerdotes que comentaron públicamente sobre el discurso del Presidente han hablado sobre el perdón y la santidad. Un sacerdote católico, durante un programa de CBS News, comparó el Presidente al Hijo Pródigo de la Biblia.

Eso basta para muchos estadounidenses -- si se puede confiar en las encuestas. De todas maneras, dicen los estadounidenses, tenemos más preocupaciones que la vida sexual del Presidente. Nos debemos preocupar más con el estado de la economía rusa.

Pero pienso que nos ayudaría recordar una de las grandes novelas de la literatura rusa, "Crimen y Castigo" de Feodor Dostoevsky. Quizás los rusos no entienden cómo establecer una economía capitalista, pero por los menos un escritor ruso reconoció que el conocimiento de la culpabilidad es sólo el comienzo de un camino agudísimo del alma que sólo se puede llamar castigo.

La palabra, la misma idea, debe parecer tan obscura para los estadounidenses como la misma Rusia antigua. ¿Castigo? Es verdad que los estadounidenses de clase media quieren que otras personas sean castigadas por sus crímenes.

Los negros de clase baja -- ellos merecen ser castigados cuando no obedecen las leyes. Y los blancos pobres con tatuajes azules -- ellos merecen estar en cárcel también. Nosotros necesitamos terapia.

Cuando hablamos de la "confesión" del Presidente, no usamos la palabra como lo entendía San Agustín. El conocimiento moderno psicoanalítico sólo requiere que uno mencione su problema. Reconociendo el defecto es igual que conquistarlo.

Unos pocos días después de la confesión de Clinton, una mujer llamada Heidi Sonnenberg en Salt Lake City fue mandada por un juez a una cárcel después de admitir que había abusado a su hija. La señora Sonnenberg (tiene la misma edad que Monica Lewinsky) tuvo un bebé, la dejó morir, y escondió los restos en un cajón. Su abogado argumentó que Sonnenberg sufría de una "depresión clínica" y necesitaba terapia, no la cárcel.

Cuando el Presidente habló de su necesidad de buscar ayuda, varios comentaristas de la televisión se imaginaron que hablaba de la terapia. Quizás el Presidente estaba sufriendo de la "adicción sexual".

Pero el Presidente es demasiado inteligente para dejar que su "confesión" termine en una conclusión lógica. No hay necesidad para un grupo de apoyo. Fue suficiente que él dijera la palabra "perdón". Entendió que para muchos estadounidenses eso bastaría -- ciertamente no hacía falta algo tan oneroso como el castigo (como pagar las cuentas de los abogados de Paula Jones, por ejemplo).

En sociedades más recientes, no sería tan fácil deshacerse del pecado. El reconocimiento de culpabilidad resultaba en el conocimiento de las consecuencias, que a veces nunca se podían reparar. Las carreteras de la Edad Media estaban llenas de penitentes descalzos, algunos incluso gateando, buscando ser perdonados.

Hoy, las carreteras de Estados Unidos están llenas de personas que escuchan a las voces estrictas de los derechistas por la radio, como el animador que se ha divorciado dos veces y que se queja de la pérdida de los valores de la familia. La Derecha Cristiana, que se queja de la decadencia moral del país, se ha convertido en el grupo más activo en Washington D.C.

Cuando Trent Lott o Pat Robertson hablan de la decadencia moral, sin embargo, normalmente hablan de la inmoralidad de otra persona. Hace unas pocas semanas, antes que tuvieran que considerar la heterosexualidad en la Casa Blanca, la derecha religiosa se daba el gusto de criticar a los homosexuales.

Por el otro lado, la izquierda política y cultural del país no tiene el vocabulario moral para contestar las críticas de la derecha. Si el humor del público cambiara drásticamente -- si los estadounidenses desearan una "limpieza" -- la izquierda no tendría una manera fácil de desafiar las fuerzas de los derechistas, que se amontonan bajo las banderas de FAMILIA.

Puede ser que los homosexuales terminen pagando por el pecado de un Presidente heterosexual. Porque todo lo que puede hacer la izquierda política y cultural es exigir un "perdón" débil -- actualmente, el eslogan más popular: yo estoy bien. ¡Y ojalá Monica recibe la terapia que merece!

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