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El Precio De Ser Un Gringo
Por Richard Rodríguez <richrod@sirius.com>
Date: 09-23-98
Estudios recientes han documentado que el deterioro de la salud física y mental entre los inmigrantes aumenta con su estadía en Estados Unidos. Los encuentros contradicen la idea convencional que la contaminación llega desde el extranjero. Pero aunque los inmigrantes siguen encontrando nuevos peligros, nada impedirá el movimiento mundial de gente pobre, desde el pueblo a la ciudad, desde la tradición hacia el cambio. Richard Rodriguez, editor de PNS, es autor de "Days of Obligation" y el venidero "The Color Brown." También es un ensayista para el News Hour with Jim Lehrer y el Los Angeles Sunday Times.
Quizás necesitamos colocar un letrero en la frontera: PELIGRO -- ESTADOS UNIDOS PODRĶA SER PELIGROSO PARA SU SALUD.
Nunca ha sido fácil ser inmigrante. Imagínese esos inmigrantes del siglo 19, abandonando la seguridad, abandonando Irlanda y Rusia, para viajar a Estados Unidos. ¡Qué valentía e imprudencia exigía el viaje a la Isla Ellis! ¡Qué precio se tenía que pagar por dejar la pobreza.
Un estudio, dirigido por el profesor William Vega de la Universidad de California-Berkeley, ha encontrado que los inmigrantes mexicanos sufren de un estrés mental que aumenta con su estadía en este país. Los índices de enfermedad mental y trastornos sociales, como el uso de drogas y el divorcio, aumentan después de la inmigración. Dentro de una generación, los investigadores de Vega vieron un colapso de las familias inmigrantes que se puede comparar con otros estadounidenses.
Estos encuentros son, por lo menos, irónicos. Durante generaciones, estadounidenses han asumido una superioridad moral hacia Latinoamérica -- por ejemplo, cuidadanos de San Diego una vez viajaban a Tijuana cuando querían pecar. Hoy, a los estadounidenses les gusta imaginarse a los traficantes de drogas mexicanos contaminando a nuestros jóvenes "inocentes".
Inmigrantes. Cada día los veo en California, sus ojos llenos de terror y maravilla. Sus zapatillas los han transportado desde pueblos en México o Centro América hasta la ciudad post-moderna de autopistas y neón. ¿Cómo encontrarán su camino?
Vega y su equipo de investigadores estudiaron los problemas de los inmigrantes mexicanos en el Condado de Fresno, pero supongo que ellos hubieran encontrado los mismos resultados al hablar con jóvenes mexicanos en Tijuana. Los pobres se están moviendo, por todo el mundo, desde pueblo a pueblo, desde la tradición hacia el cambio.
Hace poco, en la ciudad creciente de Monterey, México, conocí a jóvenes, pobres y ricos, ocupados consumiendo drogas. La cocaína era evidencia de su modernidad, un hábito que los acerca a los estadounidenses en la televisión y las películas: Monterey aún no se ha convertido tan violento como la Ciudad de México, pero las mujeres en las fábricas nuevas, en las afueras de la ciudad, conocen el divorcio.
Por todo el mundo, desde los pueblos en los Andes hasta Asia, Estados Unidos promueve el "yo". Puedes beber Estados Unidos desde una botella de Coca Cola; puedes bailar Estados Unidos. Estados Unidos está seduciendo a la juventud mundial con la idea de libertad individual. Cambio. Movimiento. Dólares.
Entre Tijuana y San Diego esta noche, uno puede conocer a jóvenes esperando la oscuridad para poder correr hacia Estados Unidos. Ellos dicen que no les interesa ser estadounidenses. No hablan de Thomas Jefferson o el "Bill of Rights". Según ellos hay un trabajo que les está esperando en Glendale o Fresno. Un puesto en una pizzería o arreglando techos que les ayudará a combatir el hambre.
Los profesores de este país se preocupan. Los invitados del National Research Council avisan que no se debe "empujar los inmigrantes jóvenes hacia la asimilación". Pero podrían estar lamentando el avión o la bicicleta.
Movimiento. Estados Unidos no es un país agradable para el nativo o el inmigrante. Todo cambia. En pequeños pueblos de Arkansas, inmigrantes mexicanos despluman a pollos muertos porque nadie más lo hace. Pintan sus casas con colores chillones, hablan español en la oficina de correos. Los estadounidenses nativos lamentan los cambios. Se convierten en extranjeros en sus propios pueblos.
El niño de Oaxaca termina haciendo pizzas en Santa Monica. Aprende el inglés al escuchar, "¡no quiero pepperoni"! Día tras día, él respira Estados Unidos. Estados Unidos entra por su oreja -- la jerga de California, el retumbo del rap. No se puede resistir.
La similación es más un proceso biológico que una cosa de elección. Cuando vas a McDonald's compras más que una hamburguesa -- compras el espíritu estadounidense de la impaciencia. Los inmigrantes terminan caminando como los nativos, asumen la misma postura nerviosa.
Drogas. Divorcio. Anonimato. Las religiones del mundo que están creciendo son las que tratan la tristeza de los pobres migrantes y su anhelo por el pueblo perdido.
Los inmigrantes decidieron dejar México, entonces piensan que sus hijos nacidos en Estados Unidos pueden evadir Los Angeles, y "mantenerse" mexicanos a pesar de la ciudad vibrante que los rodea. El padre se queja que los hijos se están convirtiendo en jóvenes gringos irrespetuosos. La madre dice que todos estaban más contentos -- sí, más pobres, pero más contentos -- en el pueblo mexicano.
Estados Unidos es un país impresionante, el modelo de la modernidad. Le ofrece a la gente de todo el mundo la posibilidad de una vida individual -- la entrada al autopista, el cuarto separado, la soledad terrible, una variedad de canales de televisión.
El niño mexicano de Oaxaca no volverá. Sus dólares y quizás algo que él no puede describir lo obligarán a seguir haciendo pizzas en Santa Monica. Sí, él lamentará la falta de respeto de sus hijos estadounidenses. Quizás los mandará de vuelta a México, durante -- esa época tan estadounidense -- la adolescencia.
Pero el pueblo de México no es el de antes. Hay telenovelas rubias en la televisión en la cocina. Y todos en el pueblo hablan de las oportunidades de trabajo en Dallas y Guadalajara.
La culpabilidad. Sigue el terrible sentido de culpabilidad al convertirse en estadounidense. Cada hijo de padres inmigrantes lo conoce. Es tan antiguo como Estados Unidos. El desprecio de una abuela -- su vestido negro y su cara en la ventana. Sus murmullos en chino, yiddish o sueco. En los ojos de la abuela te estás convirtiendo en gringo, en un extranjero.
Querida Nana. Perdónenos. Perdónenos por nuestro amor por Estados Unidos, este país tan raro, la envidia del mundo. ¡Mira! Mira a la fruta fresca del Mercado Ralph. La carne y el queso, querida abuelita. Perdónenos por llevar el pronombre del siglo 18, el "yo" hasta Fresno. Nos ha vuelto locos. Pero hemos conseguido una lavadora y secadora.
Sus nietos son tan altos, como las estrellas de cine. ¡Mira! ¡Quién hubiera pensado, querida Nana, que tendrías nietos tan bellos!
Traducción de PNS por Alfonso Serrano F.

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