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La Palabre Gay -- ¿Nos Atrevemos A Decirla O No?
Por Richard Rodríguez <richrod@sirius.com>
Date: 10-16-98
Las palabras desempeñan un papel esencial en el baile entre el individual y la sociedad, particularmente cuando se trata del comportamiento que no es aceptado por todos. Esta meditación sobre el rol de las palabras por Richard Rodriguez, editor asociado de PNS, fue escrito antes del asesinato de Matthew Shepard en Wyoming, y se hizo público en "The News Hour With Jim Lehrer", donde Rodriguez contribuye con regularidad.
Recuerdo cuando la palabra gay era una pequeña palabra libre, más inocente que "contento". Los niños eran gay. Una madrugada luminosa durante el mes de mayo era gay. Uno decía, "Soy gay", y nadie se reía.
El idioma es un evento social -- la gente habla, y trata de entender lo que dice la otra persona. Describir a uno mismo con las palabras de la sociedad es reconocer que uno pertenece a esa sociedad. Escuche las palabras que pasan de una persona a otra. Oiga como el aire se llena de sustantivos, verbos y adjetivos -- las conversaciones más simples fortalecen la ciudad entera.
Describirse con las palabras de una sociedad es como reconocer que uno pertenece a esa sociedad. ¿Pero qué pasa cuando una sociedad no tiene las palabras para describir lo que estoy sintiendo, o no me quiere reconocer con palabras?
La opresión sexual siempre ha sido el silencio -- queriendo decir, pero sin poder decir "el amor que no se atreve a nombrarse". No es de extrañarse que el lenguaje de la homosexualidad se expresaba a través de la ironía y los códigos.
Un hombre que conozco -- un anciano en Florida -- iba a una biblioteca cuando era jóven. No existía lugar donde él se podía encontrar en el diccionario. No conocía a persona alguna -- por los menos entre las peronas que quería -- que hubiera aceptado la palabra que él buscaba en el diccionario.
Antes que se convirtiera en palabra pública, en un término político, gay era una palabra de código, una palabra usada en lugares privados, en la sombras. No era una palabra inocente, sino irónica. Era una manera de describirse sin tener que decir, "Soy homosexual", durante una época cuando eso era crímen.
Hoy, el distrito Castro en San Francisco es uno de los más prósperos en la ciudad. La revolución de los años 70 que facilitó los bares, iglesias y negocios gay fue nada menos que una revolución lingüística. Las palabras hicieron posible estos edificios, más que los ladrillos y el hiero. La palabra principal entre todas estas palabras era la palabra gay.
Durante los años 70, hombres y mujeres en grandes ciudades a lo largo de Estados Unidos comenzaron a decir, a gritar esta pequeña palabra absurda, a decir que eran gay, de esta manera convirtiendo la palabra de código en una palabra pública. Con ganas, admitieron su sexualidad a desconocidos, amigos, el patrón y, con mayor dificultad, a sus familias.
Hoy, hay señales de un nuevo ataque organizado por estadounidenses que están moralmente ofendidos por la homosexualidad y lo consideran un delito serio contra Dios. Hoy existe una nueva franqueza en el Congreso, congresistas que describen la homosexualidad como una enfermedad psicológica.
La guerra cultural que nos espera será una guerra entre el lenguaje y el silencio. Si se puede impedir que los gays declaren su sexualidad a voz alta, entonces la homosexualidad no tendrá tanta importancia como un tema político, de empleo, de derechos cívicos, y de la realidad. Ambos lados parecen reconocer la importancia del momento, porque el lenguaje es social. Forzar una palabra al ámbito público puede ser un acto revolucionario. Suprimirlo puede ser contra-revolucionario.
En el fondo, no existe libro más importante en una sociedad que el diccionario, las palabras que aparecen, o no aparecen, entre sus páginas. ¿Como se imaginan que ediciones venideras del diccionario definirán la palabra gay?
Lo digo hoy. Soy gay. Dejo la palabra en el aire. Lo digo en pleno día. Brutalmente, les obligo a oír la palabra. Lo digo con una voz aún más alta: soy gay. Ustedes pueden aceptar mi frase como algo significativo o apropiado en este momento público, o pueden resistir, girar hacia el silencio, convertirme en un hombre invisible.

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