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THE AMERICAS

Esta Vez Pinochet Es El Prisionero -- Sin Embargo, Tadavía Existe Interventión Extranjera

Por Alfonso Serrano F.

Date: 10-23-98

Otra vez fuerzas extranjeras han intervenido en asuntos chilenos. Esta vez, la víctima es Augusto Pinochet. Pero hasta cierto punto, Pinochet es víctima de su propio aislamiento, que fue alimentado durante los 17 años de dictadura. Alfonso Serrano F., editor asociado de PNS, es un periodista chileno que reside en San Francisco.

Esta vez, Pinochet es el prisionero, el hombre humilde cuyos "derechos han sido violados".

No tengo campasión para Pinochet. Lo imagino acostado en su cama en una clínica lodinense, enfurecido por lo que, según él, seguramente es un complot global por parte de los Comunistas.

Pero como chileno, también me llama la atención como, otra vez, fuerzas extranjeras han intervenido en los asuntos de mi país. Una vez más siento el aislamiento y la marginación de Chile -- esa franja de tierra al fin del mundo.

Entonces cuando el ministro de relaciones extranjeras de Chile, José Miguel Insulza, declara que la detención de Pinochet es una nueva forma de colonialismo, tengo que estar de acuerdo con él.

El General Augusto Pinochet, con el apoyo de la Central Intelligence Agency (CIA) de Estados Unidos, encabezó un golpe militar que derribó a Salvador Allende, el presidente socialista eligido en elecciones democráticas. En el golpe sangriento, murieron aproximadamente 3,000 personas, miles fueron torturados y desaparecidos, y muchos más huyeron al exilio.

Ahora el dictador retirado se encuentra en un hospital de Londres. Espera la posible extradición a España para ser juzgado por su rol en las muertes de chilenos y españoles durante la dictadura.

Irónicamente, Pinochet se encuentra como prisionero gracias a su propio aislamiento.

Poco después del golpe de estado, Pinochet adquirió poderes ejecutivos absolutos. Un decreto lo nombró jefe supremo de la nación. Tuvo el poder absoluto para implementar su visión para Chile.

Como dictador, Pinochet confió en sólo un pequeño grupo de personas. Y su aislamiento aumentó más y más durante su dictadura. Sus asesores le aseguraban que era popular, y las muchedumbres de simpatizantes le confirmaban esto a él. A la larga, terminó creyendo que era invencible.

Esta inmensa popularidad, y la creencia de que era invencible, explica por qué el dictador aprobó un plebiscito en 1988, en el cual los chilenos pudieron votar por una continuación de su liderato o por la democracia. Aunque perdió el plebescito, Pinochet obtuvo el 43 por ciento del voto.

Hoy, millones de chilenos todavía consideran a Pinochet como el hombre que rescató a Chile de los marxistas. Es el salvador de la república, el hombre que defendió la patria.

Los admiradores de Pinochet (e incluso los que alguna vez lo consideraban un enemigo) destacan el éxito chileno en el mercado global. Le dan crédito por haber implementado reformas económicas que han tranformado a Chile en un modelo económico. Hoy, Chile es un modelo de prosperidad económica a lo largo de las Américas. Miles de chilenos han salido de la pobreza. Los niveles de desempleo e inflación se han mantenido bajos. Los teléfonos celulares, las computadoras portátiles y los MacDonald's son tan comunes en Santiago como en cualquier capital moderno.

Más de 25 años después que el golpe militar le dio el poder, otra vez Pinochet fue traicionado por su aislamiento. Esta soledad afectó su juicio. Se creyó el paladín invencible. Alentado por este sentimiento de invencibilidad, viajó a Londres a operarse de la espalda.

Ahora España que cuestionar a Pinochet sobre su rol en las muertes y torturas durante su régimen, algo que, según ellos, Chile nunca pudo hacer.

En las semanas siguientes, tendrá que contestar a cargos de tortura, terrorismo y crímenes contra la humanidad. Apoyado por sus abogados y representantes gubernamentales, él tendrá la oportunidad de defenderse.

Esa es una oportunidad que sus víctimas nunca tuvieron.

Pero las fuerzas extranjeras que controlan su destino -- y hasta cierto punto, el destino de Chile -- deben respetar la difícil transición a la democracia que actualmente existe en Chile. Hoy en Chile y Argentina -- y a lo largo de Latinoamérica -- los líderes militares de los años 70 y 80 viven con impunidad. Es el precio que se tiene que pagar por un retorno pacífico a la democracia.

"Pinochet no es un asesino. Es nuestro salvador. Nos salvó de los Comunistas asesinos", gritaba una mujer chilena después de la detención de Pinochet en Londres. Su voz temblaba con rabia. Una furia espeluznante emanaba de sus ojos.

Es esa furia, esa rabia que me aterroriza. Otra vez, fuerzas extranjeras han dividido a Chile entre los que aprovecharon durante los años de Pinochet y los que lo recuerdan como una pesadilla.

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