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El Desastre en América Central Llega En El Peor Momento Posible
Por Mary Jo McConahay
Date: 11-12-98
Los efectos devastadores del huracán Mitch en Honduras y Nicaragua, aunque son terribles, deben ser considerados dentro del contexto de la región. Históricamente, los desastres naturales han favorecido a los grupos políticos opositores. Ahora que estos países se han convertido en democracias pacíficas, es importante observar cómo responden a la crisis. Mary Jo McConahay, editor de Centroamérica para PNS, ha reportado desde la región, por más que una década, para el National Catholic Reporter, Choices, Mother Jones y otros medios.
ANTIGUA, GUATEMALA -- Es una imagen que los residentes locales no pueden olvidar. El alcalde del pueblo cercano, intentando cruzar la calle que se había convertido en un río durante la noche, rescatando a una familia y volviendo para más, cuando escombros de las montañas se enredaron en su impermeable. La corriente era demasiado fuerte, y el río se lo llevó, luchando, hasta que se ahogó.
Ésta es sólo una pequeña historia en Centroamérica, donde unas 10.000 personas murieron horriblemente debido al huracán Mitch. Mientras que se realizan entierros masivos en los países más afectados, Honduras y Nicaragua, y la enfermedad arrasa la Costa Mosquito, es difícil mirar más allá de la tragedia humana inmediata. Pero Mitch llegó justo cuando la región se estaba transformando en una colección de democracias pacíficas por primera vez en la historia. Si el hambre y las pérdidas no se enfrentan bien y rápidamente, los costos económicos y políticos de Mitch podrían ser tan devastadores como los efectos inmediatos de la tormenta.
El Banco Inter-Americano de Desarrollo inmediatemente categorizó el huracán como una catástrofe "que jamás se haya visto en Latinoamérica". Es imposible ver la destrucción y no preguntar, "¿por qué aquí?, ¿por qué ahora"?
Nicaragua y Honduras, eran, con Haití, los países más pobres del hemisferio, incluso antes que cayeran todos los puentes, antes que los corrimientos de tierra y la fuerza absoluta del agua quebrara cada otro kilómetro de calle con asfalto.
El Salvador, sufriendo de la deforestación, ya era la pesadilla ecológica de la región, antes que cayera una gota ("¿Dónde está el 99 por ciento del territorio salvadoreño?" dice el chiste sombrío. "En el mar".)
Guatemala estaba celebrando 22 meses de paz después de 37 años de conflicto civil, donde murieron algunos 150.000 personas. Antes del huracán el gobierno estaba fracasando en sus esfuerzos por cumplir con los compromisos del acuerdo de paz, pero aún lo intentaba. Ahora se ha suspendido todo.
Históricamente en América Central, el descontento que se relaciona con los desastres naturales ha resultado en oportunidades para los disidentes pretendientes. Eso mismo ocurrió después del terremoto en Nicaragua en los años 70, donde la juventud sandanista trabajó en barrios pobres que después apoyaron su revolución. En Guatemala, la juventud, que por primera vez vio la realidad del campo empobrecido cuando ayudaba después del desastre, terminó apoyando a los guerrilleros.
Efectivamente, la corrupción del dictador nicaragüense Antonio Somoza en el manejo de la ayuda internacional que llegó después del terremoto fue un factor que aceleró la caída de su régimen. Y durante los años 80, simpatizantes de las guerrillas que atacaron la capital salvadoreña también lograron usar el terremoto a su ventaja.
Ésta era la primera vez en la memoria de Centroamérica que la región vivía en paz. Los observadores han dicho que si la ayuda no llega rápidamente, y si no se distribuye con eficacia, sin corrupción, la región podría empeorar.
Aquí en Guatemala, muchos recuerdan que hace 25 años un terremoto resultó en la muerte de 24.000 personas. Aunque el número de fallecidos durante esa tragedia es superior a las víctimas de Mitch, esta tragedia podría ser más devastadora: el terremoto no destruyó los cultivos. No sólo se destruyeron los cultivos, pero las semillas también. "Y no cualquiera semilla," me rocordó un anciano, sino las que se han cultivado por muchos años en los microclimas de los valles y las montañas. Para estas naciones, la inanición es una posiblidad.
En las afueras de esta ciudad hay una iglesia cerca del pueblo que se transformó en un río, y que se llevó al alcalde. Un árbol antiguo crece ahí que los residentes consideran milagroso. A menudo, ellos recogen las semillas por el poder que podrían tener. La plaza en frente de la iglesia ahora es un masa de lodo. La gente del pueblo se reúne ahí y observa cómo los trabajadores tratan de limpiar el área, pero el árbol milagroso sigue fuera del alcance.

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