Jinn: An online zine from Pacific News Service

Table of Contents | Jinn Home Page | Search | Net-Links
Voices | Heresies | Vectors | Pacific Pulse | The Americas | California | Movements | Civil Conflicts | YO!

THE AMERICAS

Para Los Pobres, El Movimiento Es La Unica Respuesta Ante Los Desastres Naturales

Por Richard Rodríguez

<richrod@sirius.com>

Date: 11-19-98

La naturaleza misma se ha convertido en el personaje más importante de Latinoamérica: huracán, terremoto o inundación van más allá del poder del gobierno, y parece que les fuera posible hacer tambalear regímenes que de otro modo serían permanentes. Para los pobres, la única respuesta posible frente a los desastres naturales es moverse ‹y el movimiento se ha convertido en la fuerza revolucionaria de hoy. El editor asociado de PNS Richard Rodriguez es autor del libro Días de Obligación y escribe de forma regular para Los Angeles Times.

Por estos días, cada vez que la tierra tiembla en América Latina o el cielo se cae, los californianos habrían de esperar ver más pobres de color oscuro buscando trabajo en Glendale.

A falta de liderazgo al sur o al norte de la frontera, la naturaleza se ha convertido en el principal personaje político en América Latina. Fue un huracán el que hizo volar el dominio de la familia Somoza en Nicaragua.

Un terremoto en Ciudad de México hizo temblar al PRI, el corrupto partido mexicano en el poder.

Hoy, el huracán Mitch ha dejado miles de muertos y millones de destituidos en Centroamérica. Washington ha despachado provisiones de emergencia, y ha enviado a Tipper Gore y al ex-presidente Bush a inspeccionar la miseria. Pero nadie en el Departamento de Estado o en la Casa Blanca habla del largo plazo.

En Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, los pobres con suerte, los "sobrevivientes", han visto desaparecer sus familias y sus chozas de lata bajo el barro. La niña, la única sobreviviente de un pueblo perdido, contempla con ojos enloquecidos acres enteros de barro. ¿Qué imagina usted que imagina ella como esperanza?

Los gobiernos de Centroamérica no pueden pactar con la calamidad de la naturaleza. La semana pasada, cuando el presidente de Honduras abandonó la seguridad del palacio presidencial, fue abucheado por una masa de campesinos.

Nadie le cree al político. Después de muchas décadas de guerrillas y militares de mano dura, después de décadas de terror, no hay izquierda en Latinoamérica; ni derecha, tampoco. Los pobres no sueñan con ideologías. La única fuerza que importa, la única fuerza que puede deshacer un gobierno y poner otro es la naturaleza. Lluvia. Sequía. Viento. Terremotos.

Ahora ya todo el mundo en Honduras sabe. La plantación no contratará por otros dos años. Tegucigalpa no mantiene promesa alguna de trabajo; ni siquiera los hoteles para turistas contratarán a nadie por ahora.

En Latinoamérica, como en cualquier otra parte del mundo, usted puede verlos: en caminos de tierra o al costado de las autopistas. En aeropuertos y estaciones de autobuses. En movimiento. Los ugandeses están introduciéndose en Ciudad del Cabo. Los albaneses están llegando a Roma. Los guatemaltecos en Glendale están buscando trabajo en una lavandería o en una obra en construcción.

El movimiento de los pobres se ha convertido en la fuerza más revolucionaria hoy sobre la tierra, trastornando fronteras e inquietando gobiernos, encolerizando a los ciudadanos de las economías ricas del mundo.

Puede ser que no haya manera de pararlos, porque la desesperación es más inventiva que los recursos de ninguna patrulla fronteriza. Y la desesperación no es inocente. Hoy hay pueblos en los Andes y en las selvas centroamericanas que saben cuándo se recolectan las manzanas en los valles del estado de Washington, o cuándo los hoteles están tomando gente en Atlanta.

Somos nosotros, la clase media del mundo, los que somos inocentes (o ingenuos). En California, unos pocos años atrás, votamos por la proposición 187. En California, donde hemos construido diques para protegernos de las inundaciones y sequías, y donde tenemos códigos para que los edificios no se derrumben con los terremotos, no tememos tanto a la naturaleza como tememos a los pobres.

De hecho, describimos a los pobres que vienen del sur como si fueran una fuerza de la naturaleza. Hablamos de los campesinos en movimiento como de una "inundación" o una "corriente" o hablamos de "olas" de gente viniendo hacia aquí.

Votamos por la Proposición 187 y tratamos de convencernos a nosotros mismos de que los pobres venían a Glendale sólo por la protección de los servicios de asistencia social. Quítense esos beneficios y los pobres desaparecerían (de vuelta a México, a Honduras, a Perú).

Lo que la clase media de California no comprendió es el significado del trabajo para los desesperados pobres. El trabajo es vida. La azada, el martillo, el hierro candente ‹el peso del trabajo­albergan todo el optimismo que existe en el mundo. ¡Trabaja! Trabaja más rápido, más duro, trabaja, porque el puñado de dólares en tu bolsillo es la única protección que tienes contra la tormenta o el terremoto.

Tan desolada como el Rey Lear, la pequeña niña está parada en la extensión de barro. Nos estremecemos al mirarla en CNN. El presidente de su país no tiene promesas para darle. El presidente de los Estados Unidos no tiene planes para Latinoamérica que dejen entrever alguna cosa remotamente llamada futuro.

Pero ella ‹la niña diminuta de América Latina­levanta la vista hacia la cámara de televisión. Siente curiosidad por el gringo apuntándole con una cámara. Se hace preguntas sobre las casas en las que está viéndose su rostro. Se imagina palacios en América, con techos que pueden aguantar el viento y paredes que no se deshacen en el barro.

Ella sueña. Piensa que tiene que haber un camino, una autopista en algún lugar, seguramente, que pueda traerla hasta aquí.

* * *


Pacific News Service, 660 Market Street, Room 210, San Francisco, CA 94104, tel: (415) 438-4755.
Jinn Magazine: <http://www.pacificnews.org/jinn/>
Email: <pacificnews@pacificnews.org>

Copyright © 1998 Pacific News Service. All Rights Reserved.
Please do not reprint our stories without our permission.
This article is available for reprint. For rates and information, call (415) 438-4755 or send e-mail to <pacificnews@pacificnews.org>