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Un Deseo Navideño Para Los Indocumentados
Por Rodolpho Carrasco
Date: 12-16-98
Luis ha sido exitoso en su nueva casa -- él mismo y su familia. Pero está preocupado por estar en este país ilegalmente, y cree que puede -- y debe -- resolver la situación ahora mismo. El comentarista de PNS, Rodolpho Carrasco, es director asociado de Harambee Christian Family Center en Pasadena, California, y es columnista para el San Gabriel Valley Newspaper Group, donde primeramente se publicó una versión de este artículo.
"La primera vez que intenté entrar a Estados Unidos", dice Luis, "llegué hasta Tijuana sin pedirle permiso a Dios. Cuando me bajé del bus, la policía me robó el dinero y me mandó de vuelta a Cuidad de México".
"Fui a una gran iglesia en el Distrito Federal, donde los sacerdotes rezaron por mí. Mientras que rezaban, sabía que todo saldría bien. Entonces intenté por segunda vez. Mientras que estaba en la frontera con un coyote, me fijé que todos -- el coyote y las otras 15 personas cruzando conmigo -- tenían miedo. Pero en mi corazón sentía tranquilidad porque sabía que el Señor estaba conmigo".
Si tuviera aspiraciones políticas, no le contaría esta historia a ningún votante. Es demasiado complicado. Tenemos a un hombre que está violando la soberanía nacional estadounidense y diciendo que el Señor lo está guiando. El otro problema es que Luis es sincero. Luis está un poco desequilibrado o existe alguna fuerza invisible -- ninguna explicación es buena cuando el público quiere una explicación.
Pero no tengo aspiraciones políticas, y estoy seguro que no miente. Sé que no miente por lo que está por hacer.
Este martes Luis (no es su verdadero nombre) se subirá a un bus cerca de su casa en el Valle de San Grabriel. El bus lo transportará a la frontera con Tijuana. Llevando una computadora portátil y otros artículos en su maletín, Luis encontrará otro bus que lo llevará al Distrito Federal, el lugar de su nacimiento.
Cruzar la frontera es lo importante. Para un indocumentado como Luis, viajar a México es caro, y el viaje de vuelta tiene sus dificultades. Luis no ha vuelto a México desde que llegó a este país hace seis años. Pero este viaje es sumamente importante porque Luis se ha prometido que la próxima vez que entra a Estados Unidos, será con los documentos auténticos.
Lo que Luis está diciendo es como si los jóvenes de mi barrio dijeran que van a la NBA: Es casi imposible. Debido a que la mayoría de la inmigración -- legal e indocumentada -- a California en los últimos veinte años ha sido de México, nuestro gobierno está resuelto a detener cada mexicano indocumentado.
Miro a Luis mientras que me cuenta su historia. Se sienta tranquilamente, dando detalles y confesando sus sueños. Sus ojos están rojos e inflamados, pero está de buen humor.
"He vivido una mentira", dice Luis en inglés. "Para estar aquí, tengo que dicir una mentira detrás de la otra". Un cristiano ferviente, este verano Luis llegó al punto donde ya no podía vivir con su duplicidad.
Después de una reunión titulada Evangelism Explosion (Explosión Evangélica) en su iglesia, salió de la iglesia, miró hacia arriba y pensó, "Le estoy mintiendo a Dios".
Por cinco meses ha sufrido sobre si debe volver o no. Regresar significa regresar a nada. La razón por la cual viajó al norte en 1992 fue para apoyar a su madre y hermano menor. En esa época Luis era estudiante universitario. Pero a menudo, no había comida en la casa, no podía pagar por sus libros, y su madre llegaba a la casa agotada cada noche. "No lo podía soportar", dice Luis.
Yo sé de qué habla. He estado en su ciudad natal. Tiene una vista de un volcán, Popocatepetl. Muchos niños que no tienen el dinero para asistir a la escuela corren por las calles. Es difícil conseguir un trabajo, y muchos puestos que están disponibles pagan menos que un dólar por día. Existe una especie de inercia entre la gente cuando hay pocas maneras de ganarse la vida. Lo que hacen todo el día es conservar el dinero, las metrias y la energía que tienen.
Como cualquier humano puesto en libertad, Luis se deshizo de su modo conservador cuando cruzó la frontera estadounidense, y ha estado ocupado construyendo su riqueza personal. Trabajando sin descanso, Luis ha enviado mucho dinero a su familia. También se ha comprado un coche, dos computadoras Pentium, y otros beneficios materiales de nuestra economía robusta. Incluso ha tenido el tiempo para ofrecerse de voluntario. Usando la Biblia como instrumento, ha enseñando a jóvenes con desventajas a leer.
Ha hecho lo que piensa que Dios le permitió hacer: hacer dinero para cuidar a su madre y hermano en México. Pero ahora piensa que Dios lo está mandando de vuelta. Ha hablado con muchos amigos y consejeros, y ha llegado a la conclusión de que Dios se está moviendo en su vida. "Él me mostrará lo que quiere cuando llego a México", dice Luis.
Los miembros de su iglesia piensan que está loco. "Todos dicen, 'Regresarás dentro de un mes, máximo"', dice Luis. "Sinceramente, tengo miedo. Pero espero que Dios me utilizará, porque eso es todo lo que quiero, ser utilizado por Él".
Se calcula que actualmente hay unos tres millones inmigrantes indocumentados latinos en Estados Unidos. Luis dice que cada familia en México tiene por lo menos una persona aquí, con o sin documentos.
Quiero que cada uno de ellos reciban algo para Navidad. No es que vengan y vayan como lo está haciendo Luis. Quiero que tengan la fe que tiene Luis, que sepan que Dios los trajo a este país por una razón y que Él tiene un motivo para sus vidas, sin importar dónde estén.
-Translation: Alfonso Serrano F.

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