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CALIFORNIA COLLAGE

Iconos Arcaicps Se Enfrentan En "Little Saigon" -- El TíO Ho Contra La Bandera Vietnamita

Por Andrew Lam

<lam@pacificnews.org>

Date: 03-05-99

El dueño de un negocio de videos en Little Saigon, en el Condado Orange de California, provoca una respuesta apasionada cuando estrena un afiche de Ho Chi Minh, mientras que jóvenes en Hanoi cubren la foto desteñida del líder revolucionario con fotos de las estrellas del programa televisivo Bay Watch. El editor de PNS Andrew Lam explora el destino de los íconos de la Guerra Fria en ambos lados del Pacífico. Lam es un escritor de cuentos cortos y periodista.

SAN FRANCISCO, CA -- Hace varios años en Hanoi vi como una mujer anciana quitó una foto desteñida de Ho Chi Minh, dejando un espacio llamativo en la sala de estar. A la larga, su nieto lo cubrió con un afiche de Pamela Anderson, del famoso programa Bay Watch.

Hace tiempo que los vietnamitas están reemplazando las fotos descoloradas del Tío Ho con algo más corriente -- un afiche de grupos de rock como Kiss o AC/DC, un televisor, o, aún mejor, un altar con incienso. Nadie dice nada, a nadie le importa.

Pero si el reemplazo de un viejo ícono no causa un estruendo en Vietnam, desplegándolo resulta ser un hecho mucho más complicado al otro lado del Pacífico. En Little Saigon, en el Condado Orange de California, un inmigrante vietnamita llamado Van Truong, colocó un afiche de Ho Chi Minh en su negocio de videos y fastidió a la comunidad vietnamita entera. Se organizaron protestas cada día por seis semanas y una bandera vietnamita enorme -- amarilla con tres rayas rojas horizontales -- ahora se desplega en frente del negocio de Truong.

Para el forastero, el episodio puede parecer ridículo. La guerra de agotamiento entre los dos íconos arcaicos -- el afiche de un líder comunista muerto hace tiempo y la bandera de un país que ya no existe -- es tan chocante como camareros vistiéndose como Mao Tse Tung y sirviendo dim sum en un local de lujo en Santa Monica Boulevard.

Pero cualquier vietnamita protestando en frente del negocio de Truong podría recitar cuentos increíbles de sufrimiento y pérdidas insoportables. Un tío que fue asesinado por el Viet Cong durante la guerra; un hermano que murió en el mar tratando de huir de la opresión; un padre mandado a un campo de re-educación; un mejor amigo asesinado en Cambodia; un primo sufriendo por diez años en la nueva zona económica plagada de malaria.

Ninguna de estas historias personales se registra en la imaginación estadounidense estos días, y menos en los medios de comunicación, que se enfocan primeramente en el tema de la libertad de expresión. Históricamente, ha sido una maldición curiosa de los vietnamitas sureños el no poder llamar la atención de los medios estadounidenses (piensen en la famosa foto en blanco y negro del General Loan asesinando a un soldado Viet Cong en frente de la cámara durante el Tet de 1968. No importa que el mismo Viet Cong había matado a una familia entera una hora antes, lejos de la cámara). La representación de los medios de los refugiados vietnamitas en Little Saigon se reduce a una comunidad sumamente anti comunista que una vez fue acosada por el comunismo y que ahora intenta acosar a un hombre solitario que defiende lo que piensa.

Pero acaso, ¿los medios de comunicación esperan que no reaccione la comunidad vietnamita? ¿No se acuerdan cómo la misma guerra en Vietnam destrozó a los Estados Unidos a fines de los años 60 y al comienzo de los 70? ¿Por qué los estadounidenses deben esperar menos pasión por parte de aquellos que vivieron el conflicto sangriento?

De todas maneras, la protesta vietnamita es dócil comparada con otras posibilidades. ¡Imagínese lo que le pasaría a un cubano en Miami si colocara un afiche de Fidel Castro!

Sin embargo, después de haber dicho todo esto, tengo que confesar que yo (que abandoné Vietnam cuando tenía 11 años y terminaba la guerra) también tengo sentimientos variados. Por supuesto creo que Truong tiene todo el derecho de expresarse. Pero no puedo dejar de pensar que este hombre, que mandó un fax a varias organizaciones vietnamitas en Little Saigon anunciando lo que estaba haciendo, es un imbécil narcisista. Aunque consiguió lo que quería -- la atención de los medios, el imagen del desvalido -- Truong sigue siendo incoherente y a veces necio. En la televisión enciende incienso y se cede ante la bandera comunista y el afiche de Ho Chi Minh, pero todo resulta irónico cuando consideramos que Truong vino a Estados Unidos para poder expresarse y un día poder cederse ante la bandera comunista de Vietnam.

Los manifestantes están tan obsesionados con la venganza que muchos sólo pueden ver las identidades vietnamistas a través del reducido lente ideológico "pro- o anti-comunista." No hay espacio para la discusión. Los oprimidos ahora son los opresores.

La verdad es que muchos vietnamitas en Vietnam y en el extranjero han superado la mentalidad "nosotros contra ellos". Estamos conscientes de las injusticias que sufrieron los refugiados vietnamitas después de la victoria comunista, y de las atrocidades que siguieron la reunificación de Vietnam. Pero tambiém somos demasiado individualistas y prudentes para dejar que una bandera difunta y una foto descolorada de un hombre muerto represente el complejo significado de nuestras vidas.

Un joven amigo vietnamita que vive en Los Angeles, cuya hermana fue asesinada por piratas tailandeses mientras se escapaba de Vietnam, regresó a Saigon recientemente, y ahora es un exitoso hombre de negocios. El hijo de un colonel, que vivió 14 años en un campo de re-educación, pasó su luna de miel en Vietnam, a pesar de su antipatía por el régimen de Hanoi. Después de haber perdido la guerra, esta gente ha llegado a ser los vencedores de la paz. Han aprendido a seguir adelante con sus vidas, sin dejar que la política de su país natal dicte sus vidas.

Hoy un 60 por ciento de la población de Vietman es menor de 30 años de edad -- nacidos mucho después de la muerte de Ho Chi Minh. No tienen memorias personales de la guerra y un apego con el cuerpo hinchado del tío muerto que se encuentra en un mausoleo en Hanoi. Pregúntenles si están trabajando por un paraíso comunista y ellos probablemente responderán que quieren lo que usted quiere -- un trabajo decente, la libertad de poder trabajar, una escuela buena para los niños. Ellos quieren un VCR, una televisión, una computadora con acceso al Internet. Y, si es posible, un coche lindo.

Lo irónico es que con la excepción de San José y Orange County y quizás Dallas, el imagen de Ho Chi Minh no provocaría una reacción similar -- incluso en Vietnam.

Sobre la televisión escuché como un joven que protestaba en frente del negocio de Truong declaraba que "moriría por la bandera vietnamita". El tiempo para morir valientemente ha terminado, le quería decir. En vez, debes vivir con valentía. Usa esa pasión para construir un monumento para los muertos, escribe un libro sobre tu vida, describe el pasado a tus hijos, lucha por los derechos vietnamitas en Estados Unidos, en Vietnam.

Y fíjate como la vieja foto del Tío con su barba blanca en la casa de la anciana en Hanoi se está descolorando con el tiempo, y poco a poco convirtiéndose en polvo.

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