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CIVIL CONFLICTS

Escandalo De Espionaje Chino Se Alimenta De Las Reservas De Racismo

Por Ling-Chi Wang

Date: 03-22-99

En su artículo de portada del 6 de marzo, el New York Times reportaba que China había dado "un salto en el desarrollo de armas nucleares" al robar secretos del laboratorio nacional Los Alamos. Dos días después, en una filtración al periódico, el científico informático chino-americano Wen Ho Lee era identificado como sospechoso, y bajo intensa presión republicana y de los medios de comunicación fue sumariamente absuelto. Hasta hoy no se ha producido evidencia alguna en contra de Lee, quien tampoco ha sido arrestado ni acusado. El editor asociado de PNS Ling-Chi Wang dirige el Departamento de Estudios Etnicos de la Universidad de California-Berkeley.

El escándalo del espía chino que actualmente acosa al presidente Clinton no involucra dinero ni sexo, pero parece haberse surtido de un rico reservorio de racismo y obsesión con la seguridad nacional: China comunista no sólo ha infiltrado los ultra-secretos laboratorios de armas de Estados Unidos, sino que también ha robado secretos que le permiten destruir todas las ciudades americanas.

No importa que el alegado incidente haya ocurrido más de diez años atrás, bajo la guardia Reagan-Bush. No importa la falta de toda evidencia creíble en contra del supuesto espía, el científico informático Wen Ho Lee, tras tres años de intensa investigación. No importa que Lee haya ofrecido someterse voluntariamente a un interrogatorio del FBI con un detector de mentiras, sin la presencia de su abogado. O que la filtración detrás de la historia del New York Times proviniera de un reporte clasificado de 700 páginas preparado por un comité controlado por los republicanos creado específicamente para ver si la administración Clinton intercambiaba tecnología por contribuciones políticas.

La prensa de noticias y los republicanos parecen empeñados en alimentar rumores para un público inquieto.

Por ejemplo, el reportero del Los Angeles Times para asuntos de China Jim Mann, desenterró una historia de 12 años contada por James H. Geer ‹antiguo director asistente del FBI para inteligencia­sobre la diferencia entre los espías soviéticos y chinos.

"Si una pieza de información fuese un grano de arena, los soviéticos traerían un submarino hasta la costa en la quietud de la noche, enviarían un bote con hombres en trajes oscuros de buzo, los cuales llenarían un balde de arena, regresarían al submarino y se escabullirían en medio de la noche.

"Los chinos, por otro lado, enviarían 100.000 bañistas a la playa a plena luz del día y, durante el curso del día cada uno tomaría un grano de arena y lo llevaría a casa con élŠ Eso es lo que está pasando, más o menos".

El punto en contar otra vez la historia en este momento, es el de sugerir que los espías chinos están en todas partes. Por extensión, deben estar por todas partes en Estados Unidos con la ayuda de los dos millones de chino-americanos y miles de estudiantes extranjeros de China, Hong Kong y Taiwan. En el contexto de todas las "noticias" sobre el espionaje chino, la historia de Mann sólo puede estar concebida para sugerir que, en el fondo, la etnicidad determina la lealtad.

Esto trae a la mente de inmediato la evacuación indiscriminada y el encarcelamiento de 110.000 japonés-americanos inmediatamente luego del bombardeo de Pearl Harbor. En este mismo orden de cosas, durante las décadas de los años 1950 y 1960 cuando China fuera declarada el enemigo Nro. 1, el director del FBI J. Edgar Hoover recordaba al Congreso de modo rutinario la necesidad de mantener a los chino-americanos bajo vigilancia mientras pedía más fondos para su agencia.

Así pues, Lee ha sido declarado culpable por la paranoia racista y la obsesión por la seguridad nacional, no debido a un juicio y las pruebas correspondientes.

Los encabezados sensacionalistas y las acusaciones oscurecen dos temas muy importantes: el debate sobre la política para China de Clinton, y la campaña presidencial del 2000. Los dos no pueden separarse. En su segundo término presidencial, "la cooperación estratégica" con China se ha convertido en un tema central de la política exterior de Clinton. China, en ojos de Clinton, se ha tornado un país demasiado poderoso e importante como para ser ignorado o tratado sin respeto ‹y puede, además, jugar un papel constructivo en la estabilidad regional y global.

Los republicanos más moderados comparten esta visión, pero el ala conservadora del partido y algunos en la izquierda del Partido Demócrata ven a China como un emergente "imperio diabólico" anti-americano. Estos abogan por la confrontación con China en temas que van desde los derechos humanos, Taiwan y la independencia del Tibet, y la protección del medioambiente en la izquierda; y el aborto, la democracia capitalista, y el intercambio comercial en la derecha.

La historia de Lee también ayuda a justificar las propuestas republicanas de aumentos masivos en los gastos de defensa. Buscan aislar, si no suprimir, a los que defienden una política de compromiso con China. En resumen, abogan por un nuevo consenso sobre la guerra fría alrededor de una política de contención de China.

Este debate ya está ligado a la carrera por la Casa Blanca del 2000. El vicepresidente Al Gore, quien parece tener la nominación demócrata en el bolsillo, tendrá que defender la política para China de Clinton, o volverse atrás en medio de las críticas.

Pero la lucha por la nominación del partido del lado republicano promete ser una reyerta desagradable. Los conservadores están determinados a hacerse con la nominación con la ayuda de sus plataformas anti-aborto y anti-China.

Cuando el premier de China Zhu Rongji visite Estados Unidos el mes próximo, se encontrará entrando en un avispero: una lucha partidaria sin reglas de compromiso y respeto alguno por la verdad. Es difícil ver como pueden mejorarse las relaciones EE.UU-China cuando nuestros tiempos son gobernados por los ataques calumniosos y la política sensacionalista.

Traducción al castellano: Lucrecia Miranda

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